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martes, 9 de julio de 2013

Modelo energético

En Salvados hicieron un programa sobre el modelo energético que consiguió dar una sacudida a la gente. Ponía sobre la mesa el tema de que algo tan esencial como es la energía está controlado por muy pocas manos. Nada nuevo, lo interesante fue el punto de que pusiera el foco allí. De repente me encontré con que varias personas me preguntaban si lo había visto; personas que sabían que llevo tiempo obsesionada con las energías renovables. Y es que si lo digo yo, no importa demasiado, ya se sabe que me pierden las conspiranoias. Pero si quien lo dice es Jordi Évole, entonces es verdad y es que hay razones reales para preocuparse.

No, no lo vi, ni entonces ni durante meses. A fin de cuentas, yo ya sabía lo que iba a explicarme.

Dicen que después del programa, hubo presión por parte de las grandes compañías eléctricas para acabar con Salvados. Dicen que se evitó gracias a la presión ciudadana a través de una plataforma de recogida de firmas digital. Pero que aun así, la presión de las eléctricas frenó la segunda parte. La parte en la que seguía hablando sobre el problema de la energía y se enfocaba más sobre las energías renovables. A raíz de esto, se recaudó dinero (también a través de una plataforma digital, supongo que esto es lo que llaman "democracia 2.0") para rodar otro reportaje. En este no sale el periodista estrella y el ritmo del reportaje es muy distinto.

Lo enlazo porque creo que vale la pena propagar este tipo de iniciativas. Sin embargo, lo cierto es que algunas cosas del reportaje no me gustan mucho. Como que deje tan bien paradas las energías renovables, y además repitiéndose considerablemente. Como si todas las energías renovables fueran iguales y perfectamente limpias y revolucionarias en el mismo grado. Creo que el resultado es que da información sesgada. Y aun así lo enlazo, porque vale la pena propagar este tipo de iniciativas.

Estuve en una charla relacionada con todo esto y me gustó especialmente que remarcaran la capacidad democratizadora distinta para cada tipo de tecnología. Me gustó que hablaran de la necesidad de que las demandas y las decisiones sobre cómo afrontar los problemas energéticos tenían que llegar "desde abajo". Me hizo gracia, porque puede parecer que es un tema completamente técnico (igual que dicen que son técnicas las decisiones sobre economía) y no. Es político. Desde la técnica se puede aportar información que ayude a decidir. Y posteriormente se puede ejecutar. Pero la parte de las decisiones no es técnica en absoluto.

Hablaron también de "Soberanía energética". Y del "derecho humano a la energía". Este último concepto también me pareció muy interesante. A fin de cuentas, una cierta cantidad de energía es indispensable. A veces se piensa que "en la antigüedad" no se usaba energía, pero una de las imágenes mentales más típicas de "la antigüedad" incluye el fuego... y el fuego es energía. En Europa, antes de que nos diera por quemar carbón y otros combustibles fósiles, arrasamos con buena parte de nuestros bosques. Así que la solución no pasa por volver a la edad media, ni a la edad de bronce, ni a la de piedra (por lo menos a partir de que se extendiera el uso del fuego), porque en todas esas épocas se quemaba madera de forma descontrolada, con lo que tampoco eran sostenibles (seguramente esto habría que matizarlo mucho, pero como idea básica creo que es válida). Y hay que tener en cuenta que la población actual es mucho mayor que la que había entonces.

Aprovecho para enlazar la Plataforma por un nuevo modelo energético (que están detrás de Oligopoly2). Y también aprovecho para decir que a pesar de seguir sin tener dinero, me he hecho socia de SOM Energia. Si tengo que esperar a tener dinero, no lo haré nunca, y pocas cosas me parecen tan importantes como ésta.

lunes, 6 de mayo de 2013

Subsistemas

Pensamiento racional. Ante un problema complejo, ¿por donde empezar? Siempre por la parte más sencilla, lo más evidente. Es la estrategia número uno. Sirve para desenmarañar un nudo y sirve para jugar al buscaminas. En realidad no soy tan lista, me lo digo a menudo. Solo voy por orden, priorizo. Saber priorizar es la esencia. Puedes perder mucho tiempo tratando de desligar la parte más compleja, pero son las pequeñas cosas las que realmente suponen una traba. Empezado por ellas, la parte compleja también se simplifica y hasta los problemas más grandes se convierten en pequeños y diminutos. Todos los sistemas técnicos siguen este principio. Todos se subdividen en pequeños subsistemas, que a su vez se subdividen en otros subsistemas, hasta llegar a los principios básicos de la física. Todos los sistemas, por complejos que parezcan, se basan en las mismas cuatro ideas básicas.

En realidad estudiar esta carrera tuvo sus cosas buenas, aunque llegara a odiarla. Como eso de que "todo son modelos; algunos son útiles". No necesitamos verdades absolutas. No necesitamos creer en una realidad única y absoluta. Solo aplicar modelos útiles. Aproximaciones útiles. Ese pragmatismo me encanta.

martes, 22 de enero de 2013

Sangre

No me gustan las imágenes de la regla que pretenden que la vea más natural y la acepte mejor y me lleve mejor conmigo misma y todo eso. No me gustan porque a mí, por muy natural que sea, por muy mía que sea, la regla sigue pareciéndome desagradable. Como los mocos, muy naturales, pero poco agradables. O como las babas. Resumiendo, desagradable como suelen serlo los fluidos corporales.

María Llopis habla de la regla, y de nuevo, entro en el artículo porque me gusta leerla, aunque temo encontrar cosas que no me gusten. Pero me sorprende gratamente. Habla de la absurdidad de intentar desconectar de nuestros cuerpos, de nuestros úteros.

Me recuerda cierto dilema mental que tengo desde hace años con esto de la feminidad y la masculinidad... Rechazo el concepto de feminidad más extendido en nuestra sociedad. Lo considero un producto cultural y comercial. El problema es ¿cual es la alternativa? Es muy fácil caer en la trampa de imitar a los hombres, como si la masculinidad tuviera la llave de la libertad, como si pudiéramos olvidar que nuestro cuerpo es distinto y tiene necesidades distintas.

Cierto feminismo lleva la individualidad al extremo. Algo que extrañamente casa muy bien con el neoliberalismo y su economía de mercado en la que teóricamente el bien común se consigue si cada persona busca su bien individual, pensando solo en sus deseos más personales. Pero en esa concepción del mundo, el cuerpo pasa a otro plano, se convierte en una especie de complemento del que se puede y debe sacar partido, pero que jamás es escuchado.

Cuando se habla del trabajo de las mujeres y su problemática, a menudo se piensa en la discriminación tipo tener salarios más bajos, perder un trabajo por estar embrazada, o no poder aspirar a los puestos de más prestigio social. Y creo que se olvida la parte más importante. A los hombres también les sucede, pero con las mujeres es más exagerado, necesitamos estar pendientes de nuestro cuerpo. Si una mujer quiere amamantar, debe existir la posibilidad de que lo haga. Si tiene dolores por la regla, debe poder tomar el espacio y tiempo que necesite. Y todas las personas deberían poder elegir sus tiempos para comer, la gestión de sus horarios en general, la posibilidad de estar cerca de sus hijxs (u otras personas dependientes), etc.

De 1984 una de las cosas que más me aterró fue la infelicidad controlada de la gente como sistema para controlarla. Quizá me aterró porque es uno de los puntos más reales de la novela. En este sistema capitalista lo siento así. No es por unas personas muy listas muy listas que han decidido que sea así, solo es el resultado de aplicar el sistema durante un cierto tiempo. La infelicidad aparece sola al tratar a los seres humanos como elementos puramente productores o consumidores, totalmente desprovistos de ningún valor más allá de esta dualidad. Y a la vez, esa infelicidad alimenta al sistema que la genera, en forma de consumismo o en forma de equiparar la posesión de bienes materiales con el prestigio social.

Está también el tema del pensamiento mágico. Como he dicho alguna vez, yo creo en la ciencia. Sin embargo, no me gusta que el pensamiento científico llegue al reduccionismo de "todo lo que no es ciencia es malo". Creo que el pensamiento mágico a veces puede ser una forma de hablar de la realidad (la realidad tangible de la que trata la ciencia) desde otra perspectiva más útil y pragmática. Especialmente cuando se trata de temas muy complejos, con muchas variables. En algunos de estos casos la ciencia puede encontrarse con que no puede comprender un proceso al ser incapaz de analizar todos los elementos que lo componen. Y sin embargo, un pensamiento mágico puede servir como un análisis macroscópico de ese proceso.

Pienso en algunas teorías sobre alimentación, y pienso también en los procesos hormonales, como los relacionados con la regla. En muchas culturas alrededor de la regla ha habido cierta áurea de magia y mística. De mi etapa de aprender sobre las religiones del mundo, recuerdo que había una sociedad en la que las mujeres durante la menstruación se aislaban completamente del resto de gente; durante aproximadamente una semana vivían en un espacio separado y cerrado. Creo que es el ejemplo más extremo que conozco. No creo que sea muy buena idea seguir su ejemplo, también puede verse como un elemento de su patriarcado, una forma de rechazar a las mujeres... Pero no creo que sea peor que "hacer como que no pasa nada", que es la norma social aquí. Como si la regla fuera una debilidad a esconder. Algo que una mujer debe demostrar que "ha superado".

martes, 13 de noviembre de 2012

Futuro renovable

Siguiendo el blog que comentaba ayer (The Oil Crash), me he encontrado que responden a las preguntas que llevo tiempo planteándome sobre si es posible un futuro basado en energías renovables, y más concretamente, cuales serían esas energías. En esta entrada se presenta un artículo publicado en una revista científica (lo que significa que por lo menos ha sido revisado por otras personas que saben del tema) en el que se analiza cómo podría ser ese futuro energético. 

Pasa, por supuesto, por reducir drásticamente el consumo energético actual. Lo cual, como ya comenté hace meses, pasa por reducir drásticamente el consumo de "cosas". Lo cual nos lleva, como de costumbre, a una única solución: replantearse el sistema económico entero.

Comentar que tanto los autores del artículo como el autor del blog trabajan en el CSIC, centro de investigación que está sufriendo unos recortes bestiales. Sé que este tema parece menos grave como otros como la educación primaria o la sanidad... Pero ahora mismo recortar en investigación puede condenar a la miseria a muchas muchas generaciones de la humanidad, no solo la nuestra, no solo la próxima. La única manera como es posible que esta "crisis" sea realmente una crisis puntual y no se convierta en el estado común de las cosas e incluso vaya cada vez a más, pasa por la investigación.

También comentar algo que es sorprendente que se sepa tan poco: España es un país líder en el sector de las energías renovables. Por ejemplo, puedo decir (porque llevo tiempo estudiando este tema) que la mayoría de artículos que se escriben sobre concentradores solares hacen referencia a los construidos en la Plataforma Solar de Almería para hacer ensayos en este campo. Y sin embargo casi nadie conoce ni siquiera la existencia de esta plataforma...

lunes, 22 de octubre de 2012

Sobre transgénicos

Con esto de leer sobre ciencia con mucha más frecuencia y con fuentes mucho más variadas que antes, creo que me estoy radicalizando en mi oposición a la palabra "natural" como abuso publicitario. Tengo muchas razones para ello. Pero ahora no voy a entrar en este tema.

Sin embargo, estoy en contra de los transgénicos. No es una oposición tan firme como la de otras personas, pero es oposición al fin y al cabo.

Las razones naturalistas no me convencen. O eso de que son malos para la salud. Los argumentos de este tipo dicen que no se ha demostrado que a largo plazo no tengan efectos negativos sobre la salud de las personas. Pero... viviendo en una ciudad como Barcelona, comiendo lo que me he pasado la vida comiendo, respirando el aire de esta ciudad cada segundo... me suena a chiste. De lo que me rodea, prácticamente no hay nada que se haya comprobado científicamente que es 100% inocuo (y eso ya es suponer que hay alguna cosa que se ha demostrado que lo es). No, me niego a pasar el resto de mis días preocupada por las posibles toxinas con las que estoy en contacto sin saberlo.

El argumento de "eso lo ha generado el ser humano y por lo tanto es necesariamente malo, no como las cosas que ya existían antes que nosotrxs", ni lo considero un argumento. De hecho, no hace mucho leí un artículo sobre los orígenes del trigo usado actualmente, y resulta que tampoco puede considerarse "anterior a los seres humanos". ¿Vamos a descartar el trigo de toda la vida por contaminación humana? ¿O como es anterior a nuestrxs abuelxs ya lo aceptamos como bueno?

El problema que le veo a los trangénicos es económico. Creo que un paso más hacia un modelo económico con el que no estoy de acuerdo.

Lo veo con un cierto paralelismo a lo que sucede con las tiendas y los horarios comerciales. Por una parte estan los locales pequeños, llevados por familias o por unas pocas personas que son propietarias directas del negocio. Y por otra parte, grandes superficies donde la totalidad de trabajadorxs son empleadxs que cobran un sueldo. No hace falta ser muy crack en economía para darse cuenta que este sueldo siempre va a ser inferior al que conseguirían si los beneficios de la empresa se repartieran directamente entre las personas que trabajan en ella.

Recientemente se ha liberalizado el calendario comercial. Y para algunxs empresarixs, aun debe ser insuficiente. Las quejas llegan, claro, por parte de lxs pequeñxs comerciantes, que se encuentran que para poder competir deben convertirse en esclavxs de su propio negocio. Más aun, es otro paso hacia la venta de esos pequeños locales a grandes cadenas que contratan a personas para que trabajen en ellas.

En el caso de la tierra sucede lo mismo. Un negocio grande juega con ventaja. En el caso de los trangénicos, se establece un intercambio comercial. No es lo mismo comprar poco que comprar mucho. No es lo mismo hacer una gran inversión siendo una empresa grande que siendo una empresa pequeña. No es lo mismo tener un margen de beneficio (la diferencia entre el precio de venta de una unidad y el coste producir esa unidad, sin tener en cuenta los costes fijos como las inversiones) pequeño si vendes cien que si vendes un millón, especialmente si hay una inversión a amortizar.

Todo eso sin entrar demasiado en detalle.

La principal defensa de los trangénicos es que mejoran la productividad. Pero (como seguro ya he comentado) la productividad en sí misma no puede ser un objetivo. Puede ser un medio, por ejemplo, para reducir la hambruna en una zona si esa hambruna se debe a la falta de producción de alimentos. No es el caso de nuestro país. Aquí, si hay hambre se debe a un mal reparto de la riqueza. Puede ser un medio, también, para reducir el precio de la comida final. Per aquí el coste de producción en el campo es anecdótico en el precio final de la comida.

Abusando de la productividad, podemos llegar a puntos absurdos como producir comida a un ritmo que no puede ser consumida. Con lo cual, para mantener los precios, por la (i)lógica de mercado, hay que tirar la comida que se produce de más. O que la producción total no aumente, aunque aumente la productividad, por el abandono de campos, porque lxs pequeñxs propietarixs no pueden mantener el negocio de forma que sea rentable (qué importantes que son los márgenes de beneficio y su relación con la cantidad que hace falta vender para conseguir beneficios reales). O que para conseguir que no se abandonen los campos se establezca un sistema de subsidios según el cual el estado compra el exceso de producción y lo revende en otros países a precios muy por debajo de los que se establecerían según las leyes de equilibrio que teóricamente rigen los mercados utópicos capitalistas. Con lo cual, se cargan la economía de esos países y los inducen a pobreza permanente. Hay otra variante, la de dar la comida como "caridad", con efectos parecidos.

Llego a la misma conclusión de siempre. Debería poder aplicarse alguna lógica en todo este caos (y en este caso, se puede). Mientras no se demuestre que los transgénicos son necesarios, deberíamos evitarlos. Aunque no es un tema que conozca mucho (ni de lejos tanto como me gustaría), creo que antes que plantearnos si es necesario usarlos, hay muchas otras medidas que ayudarían considerablemente a acabar con el hambre en el mundo. Y creo que la base de todas esas medidas pasa por conseguir que la comida necesaria en una zona se produzca mayoritariamente en esa zona. Y no como pretendían algunos economistas a base de "aumentar la productividad y facilitar las exportaciones". Eso genera dependencias que a la larga generan más hambrunas, no menos. Además, la "ayuda humanitaria" debería dejarse para momentos de crisis puntuales.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Divulgación

Adoro la ciencia. Sé de mucha gente que no le tiene ningún aprecio, o hasta la odia directamente. A mí me encanta.

El tema está en que lo que me encanta es la ciencia de verdad. Puede parecer una obviedad, pero alrededor de la ciencia hay toda una nebulosa que tiende a confundir a la gente, especialmente a la gente sin formación científica (pero no exclusivamente). ¿Y cual es esa ciencia de verdad? Muy sencillo, la que sigue el método científico. Me da igual de donde venga, la única cuestión relevante es esa, ¿sigue el método científico o no?

La ciencia funciona como una gran red. Los conocimientos se relacionan los unos con los otros, y son aceptados mientras se mantenga la coherencia entre los distintos nudos y mientras los nuevos datos que aparezcan encajen en ella. Faltaría algún matiz más, como la necesidad de que las afirmaciones puedan ser contrastadas (que es lo que excluye debates como el de la existencia de dioses o espíritus de lo que se considera un debate científico). Pero como idea general creo que sirve. Una de las grandes cosas de la ciencia es que no es orgullosa. Si los nuevos datos chocan con las teorías existentes, es perfectamente posible que un sector amplio de esa red tenga que ser revisada, llegando a ser completamente descartada y reiniciada, eso sí, aprovechando los datos previos (si son aprovechables).

Como fan de la ciencia, también soy fan de la divulgación científica. Ya hace años que trato de informarme sobre casi cualquier tema que me parezca científico. Soy muy curiosa. Desgraciadamente, también hace años que sospecho de ciertas personas que pretenden ser divulgadoras científicas... El caso que me resulta más grave y más triste es el de Eduard Punset. Aquí muchísima gente lo considera un sabio. Un ser casi místico. Que este sea el gran referente en divulgación científica de España me parece muy triste. 

Como contraposición, este programa me encanta: Quèquicom. Ciencia a distintos niveles, sobre cuestiones cotidianas, explicado de forma sencilla, con muchos ejemplos y escuchando a personas que saben de lo que hablan. En catalán, eso sí.