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lunes, 17 de febrero de 2014

Sobre castigos y perdones

Extracto de "Lo del golferío lo entiendo, pero ¿lo de los principios?", que a su vez lo extrae del libro The ethical slut

No hay que avergonzarse de haberse creído las mentiras de alguien, y la mayoría en algún momento hemos dado nuestra confianza a alguien que resultó que no se la merecía. Es posible engañar a una persona honesta, pero esperamos que tengas la suficiente humildad para aprender de tus errores y que no te engañen dos veces. 

Esta es la teoría. Y yo puedo estar bastante de acuerdo. Si alguien te engaña gravemente, debes actuar en consecuencia. Denunciarlo (socialmente, se entiende). Y alejarte de esa persona. Cómo actuar desde un punto de vista comunitario ante alguien que ha cometido una infracción a ojos de la comunidad es algo que se ha discutido ya bastante (como este artículo de Brigitte Vasallo).

He estado dándole muchas vueltas al tema de la culpa, el castigo y el perdón, y de las causas y las consecuencias.  En el último año me he cabreado demasiado con demasiadas personas demasiado importantes para mí. Creía que el concepto de culpa era algo que tenía superado, pero descubrí que no, que lo seguía usando a pesar de todo... Especialmente al pensar en el castigo que sigue a la culpa. O la penitencia. Trato de evitarlo, trato de pensar en causas y consecuencias... "Alguien me hace daño (causa), así que me cabreo (consecuencia)". Y lo que sigue es el resultado de mi enfado. Pero planteándolo así, las ganas de que la persona que me hace daño lo pase mal no desaparecen.

Hasta aquí es más o menos sencillo. Revisión constante, pasarlo mal a ratos, pero el esquema es fácil. Recordar cual es el objetivo. ¿Quiero realmente hacerles daño? Lo cierto es que no. Recordar eso suele ser suficiente para que el esquema causas-consecuencias vuelva a funcionar bien. Y parte del cabreo se vaya diluyendo.

Pero no solo son causas y consecuencias sobre los actos de otras personas. También es sobre los míos. Y a veces, denunciar algo trae como consecuencia un mayor aislamiento. Y sí, alejo de mí a quien me hace daño... pero al alejar a personas que me importan, también me deja a mí un poco más sola de lo que estaba antes. Y al final, con tanta historia de cómo actuar éticamente, una acaba destrozada anímicamente.

Luego viene el perdón (perdón del castigo, castigo posterior a la culpa). ¿Se puede perdonar sin creer en las culpas ni los castigo? Me temo que no. Así que esto también va dentro del pack "consecuencias". El dolor se va suavizando (según el caso) y puede llegar un momento en que valga la pena recuperar la relación, en base a la suposición de que en el futuro os podéis dar mutuamente cosas positivas en ambos sentidos.

Pero, ¿realmente es justo enfocarlo así, sin más? En realidad, dentro de las causas que llevan a esta consecuencia (la reconciliación) puede que no sea todo tan bonito. "Sobre el papel todo aguanta", como me han dicho alguna vez. Pero a la práctica... Estoy harta de soledades. Muy muy harta de soledades. Harta de echar de menos. Harta de vacíos. Harta de dolor y de frustraciones. Necesito distraerme de todas las penas que he ido acumulando. Necesito risas. Necesito pasar página de tantos miedos. Y todo esto también va en la balanza.

Así que la justicia depende de lo que puedas permitirte. Si tu comunidad no te apoya cuando lo necesitas, no hay nada que puedas hacer individualmente para compensarlo. Si tu comunidad prefiere pasar página rápido rápido, no adaptarte a ello puede significar perder a tu comunidad. Creo que nunca había sido tan consciente de mi propia vulnerabilidad (dependencia de la comunidad) como en este último año.

Y luego está la otra cara de la moneda. He estado pensando también en qué pasa si eres la persona infractora (infractora de los códigos no escritos de la comunidad). Me imagino haciendo algo que no debo, y me imagino una hipotética comunidad actuando como creo que debe hacerse (según la suposición de que "lo que se debe hacer" es esto). Me imagino quedándome (por lo menos temporalmente) aislada de esa comunidad, expulsada. Y entonces tampoco le encuentro sentido.

De nuevo, creo que se trata más de saber dar apoyo a quien lo ha pasado mal que no de maltratar o aislar a quien ha hecho mal. El problema es que a menudo no es posible dar el apoyo comunitario necesario sin aislar parcial o totalmente a otra persona. Aquí empiezo a perderme bastante y asumo que no soy capaz de predecir el mejor camino a seguir en cualquier caso imaginable. Así que decido aceptar que solo tengo el primer paso: priorizar el apoyo a quien ha sufrido. Solo con eso, cambiaría todo. Una comunidad que dé apoyo es una comunidad que facilita que las personas cuenten lo que les ha pasado y eso en sí mismo es un freno a los abusos. Una comunidad que NO da apoyo, es una comunidad que condena (aunque sea sin pretenderlo) a quien ha sufrido un abuso.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Compromiso

Volví a mirar el artículo sobre poliamor que supuso un antes y un después para mí. Al final de ese artículo, hay un vídeo de una conferencia de Marina Garcés sobre el compromiso. Nunca había llegado a escucharla, pero esta vez sí. Acabé por coger papel y boli y tomar notas. Luego vi que la propia Brigitte Vasallo había remarcado y traducido en su artículo uno de los fragmentos que más me llamaron la atención.

Reproduzco un fragmento a continuación (más o menos):

"Comprometre's és, en el fons, deixar-se comprometre [...]. Això vol dir [...], entrar en espais de vida que no podem aspirar a controlar del tot, implicar-nos en situacions que ens excedeixen, que ens exigeixen inventar respostes que no tenim i que no ens deixaran igual que érem. Tot compromís implica així una transformació, una transformació d'un mateix, forçosa, que no té resultats garantits. Això vol dir, finalment, que en aquest compromís que és deixar-se comprometre s'hi dóna una experiència de vulnerabilitat, la immunitat cau. [És una experiència de vulnerabilitat] que ens exposa i ens vincula als altres. I per això en fugim. El compromís, entès així, ens revela la veritat més desagradable per a l'individu modern, que és que existir és dependre."

Traducido (aun más inexactamente, porque no sé traducir):

"Comprometer-se es, en el fondo, dejarse comprometer. Esto quiere decir entrar en espacios de vida que no podemos aspirar a controlar completamente, implicarnos en situaciones que nos exceden, que nos exigen inventar respuestas que no tenemos y que no nos dejarán igual que éramos. Todo compromiso implica así una transformación, una transformación de uno mismo, forzosa, que no tiene resultados garantizados. Esto significa, finalmente, que en este compromiso que es dejarse comprometer, se da una experiencia de vulnerabilidad, la inmunidad cae. Es una experiencia de vulnerabilidad que nos expone y nos vincula a los demás. Y por eso huimos de ella (¿o de ello?). El compromiso, entendido así, nos revela la verdad más desagradable para el individuo moderno, que es que existir es depender."

Cuando lo escuche la primera vez casi me pongo a llorar (sí, tengo una llorera exageradamente fácil). Porque así es como me siento en todas mis luchas, extremadamente vulnerable. Y además, irremediablemente. Porque no es una elección, es inevitable. No puedo ser yo y ser indiferente a las cosas que me mueven. Hacer eso, que sería renunciar al compromiso, sería también renunciar a mí.

Así que primero está el hecho de encontrarte con que tienes que seguir un camino, y a continuación está el darte cuenta de que no tienes ni idea de hacia a donde va. No saber qué traerá, si será bueno o no. Siempre es así, cada vez que descubres una nueva identidad que forma parte de ti y que debes seguir, es así. Y a pesar de todo, comprometerse realmente es tomar la decisión (porque sí es una decisión) de asumir que eso es lo que debes hacer y que vas a asumir radicalmente las consecuencias que seguir ese camino te traiga.

Otro fragmento:

"Comprometre's no és apuntar-se a una causa, a un partit, a una ideologia, sino prendre posició en un món comú i assumir-ne radicalment les conseqüències."

Traducción (aprox.):

"Comprometerse no es apuntarse a una causa, a un partido, a una ideología, sino tomar posición en un mundo común y asumir radicalmente las consecuencias de hacerlo" 

Y aquí me voy directamente hacia Pornoburka, el libro que ha publicado recientemente Brigitte Vasallo. Según ella, un libro sobre identidades, aunque pueda verse también como un libro sobre un barrio (el Raval de Barcelona), o sobre la gentrificación (sobre la que escribía el SrChinaski recientemente). Identidades que acaban por comerse a las personas.

De nuevo, algo con lo que he chocado tantas veces. El cómo-debe-ser-una-feminista. O cómo debe ser una persona que tiene una identidad X. No por parte de la sociedad, sino dentro de mi propia cabeza. Y el descuadre de ver que una no puede estar siempre pendiente de esa identidad, sino que debe ser la identidad (la etiqueta) la que se construya a partir del yo. Pornoburka es un libro que cuenta lo que pasa cuando la identidad pasa por delante, cuando lo que quieres es pertenecer a una determinada tribu, casi a cualquier precio, incluso renunciando a lo que eres realmente. Volviendo a Marina Garcés, sería "apuntarse a una causa" antes que "tomar una posición y actuar coherentemente con ella" (o intentarlo). "Asumir radicalmente las consecuencias" de tu posición, puede significar tener que enfrentarte a esa tribu con la que teóricamente te identificabas. Y está bien que sea así, porque solo desde la diversidad (diversidad de seres, diversidad de posiciones) podemos construir algo que sea realmente útil y positivo para todxs.

Comprometerse, entendido así, es comprometerse con unx mismx y con el mundo. Y no hay otra manera. No es posible comprometerse a medias porque no es posible ser a medias. Aunque los caminos son tortuosos y a menudo unx siente que está desandando lo andado o yendo a la deriva. En cierto modo, es así. Y si solo lo hiciera una persona mientras el resto sigue igual, seguramente sería absurdo e inútil. Pero al hacerlo muchas personas a la vez, cada una con su camino, esto significa cambio, cambio hacia un lugar desconocido.

El Lobo estepario escribía que en toda revolución llega un punto en el que alguien que tiene poder toma la decisión de no disparar, de cambiar de bando de alguna manera. Y es cierto. El tema es... que eso forma parte de la revolución. Una revolución formada por todxs, lo sepamos o no. A fin de cuentas, no es una decisión tomada al azar, sino por alguna razón.

Marina Garcés nos invita a situarnos en la frontera entre el nosotrxs y el los otros. Y a situar en el exterior al nosotros a esas personas que nos roban (aunque sea cumpliendo con la legalidad vigente) las riquezas del mundo común. Una puede situar la frontera donde quiera, asumiendo que las fronteras no son estáticas, que fluctúan, y que quizá no sean demasiado nítidas. Me parece interesante la perspectiva de dejar en el "los otros" a quienes tienen el poder (el famoso 1%), y también me parece interesante la perspectiva de incluir a todo el mundo, incluso a ese 1% icónico que también participa de nuestra revolución continua, readaptando continuamente su poder a las nuevas corrientes. Me refiero aquí a eso que tantas veces me desespera de la facilidad con la que el capitalismo absorbe ideas teóricamente revolucionarias y anticapitalistas.

No soy optimista, he perdido mi optimismo por el camino. Y sin embargo, aun sintiéndome vulnerable, débil, por ello, sé que seguiré en este camino a ninguna parte, participando de una revolución sin fin, que no es más que una eterna lucha de poder por llegar a tener lo que considero que es mío (nuestro), un mundo común. Es peor intentar no hacerlo.

Ya he anotado en mi lista de pendientes el libro "Un mundo común" de Marina Garcés.

domingo, 23 de junio de 2013

Cascos

Tiene un nuevo "juguete". Es un mp3, de esos que ya parecen viejos, de la prehistoria. Para él es un juguete nuevo. Se pone los cascos y empieza a escuchar música. Está un rato así. Luego se me acerca y empieza a hablarme. Yo me quito mis propios cascos. Me dice que ahora ya está globalizado. Ríe. Dice que ahora tiene su música y se mete en su mundo y ya no habla con otras personas, ya no pregunta por los problemas de otras personas, así que ya no sale a la calle, ya no participa en una revolución.

Cambio de escenario. Ahora pongamos que alguien me pide dinero. Y yo se lo presto. Y pasa un cierto tiempo y no me lo devuelve. Así que yo me enfado. Me enfado porque es mi dinero.

¿Es mi dinero? ¿Por qué es mi dinero? Yo lo sé, es mi dinero porque las estructuras sociales están organizadas para que lo sea. Estructuras que yo considero injustas. Pero si me cuestionan que mi dinero es mío, me enfado.

¿Por qué no me devuelve mi dinero? ¿Se lo ha gastado en fiestas a las que no me ha invitado? ¿O se lo ha gastado en intentar sobrevivir? Pongamos que es lo segundo. Y hablemos de derechos. Mi derecho a recuperar mi dinero, su derecho a sobrevivir o a intentarlo. Planteado así es fácil, ¿no? Derechos Humanos. El derecho a sobrevivir es más importante.

¡Pero era mi dinero! ¡Lo necesito! ¡Cuento con él!

Yo soy muy de izquierdas. Yo creo en que lo importante son las necesidades, las de verdad. No la necesidad de saber que tengo un dinero en el banco, porque esa es una falsa necesidad, solo es un medio. Yo lo sé.

Yo lo sé, pero la gente de mi alrededor no. La gente que conozco es muy de izquierdas, pero se olvida de todo cuando lo que está en juego es la maldita zanahoria que tiene delante. Se exclaman y dicen ¡es mucho dinero! Yo pienso en formar bonitas comunidades cooperativas. Pero ahora dime, ¿con quien?

Aquí todo el mundo es muy de izquierdas. Pero ¿qué es lo que piden? ¿Un reparto justo? ¿Una sociedad realmente más igualitaria? ¿Algún cambio profundo? No, solo piden seguir igual. Porque no creen que haya realmente ningún problema con la vida que lleva la mayoría de gente en España, o en Cataluña, o en Barcelona. Se escandalizan cada vez que oyen una historia de violencia. Se escandalizan con la pobreza. Y dicen que eso no está bien. Pero ¿acaso está dispuesta toda esta gente a renunciar a algo? ¿Incluso si va a servir para mejorar?

Ahora podemos fustigarnos colectivamente. Aquí se lleva mucho esto. Nos fustigamos un rato, nos sentimos muy mal momentáneamente, y luego seguimos con lo mismo. Nos ponemos los cascos y seguimos escuchando música.

¿Sirve de algo sentirse mal? No, no tiene sentido. Lo que tiene sentido es cambiar de actitud.

Otro día escribo sobre temas más interesantes. Como por qué el problema energético solo puede abordarse desde una posición de poder. O por qué el feminismo es esencial para repensar el mundo. Y también tengo que hablar de Calibán y la bruja (pero para eso, primero tengo que acabarlo).

viernes, 5 de abril de 2013

Peak social

No hay nada peor que el miedo al miedo. O el miedo por el miedo mismo. Cuando leo sobre el Peak Oil, o lo que es lo mismo, el fin del mundo tal y como lo conocemos, creo que se abusa del miedo. Me recuerda a mi madre, cuando tenía yo unos ¿12 años? o menos, o más, no sé. Una noche como cualquier otra, pero en la que yo iba especialmente cansada físicamente, y como estaba cansada, iba andando como arrastrándome y con un estado de ánimo particularmente quejica. Hasta que mi madre se plantó y me dijo basta. Basta de lloriquear, "si tienes que caerte de agotamiento, te caes, y si sigues haciendo lo que sea, sigues haciéndolo, pero sin lloriqueos".

Total, que con el tema del Peak Oil veo a mucha gente que ha convertido el lloriqueo en su principal hobby. También veo mucho derrotismo, en el sentido de que parece que crean que esto pasará pronto y no se puede evitar de ninguna manera. Y parece que no se han dado cuenta de que la idea de "decrecimiento" está calando, y parece que se olvidan de que no será algo repentino (tampoco progresivo), sino que consistirá en sucesivos saltos a peor, y cada uno de esos será una opción de que las cosas cambien rápidamente, y esos cambios pueden ser a peor, sí, pero también pueden ser a mejor.

El Peak Oil tiene toda una vertiente técnica, de recopilación de datos, de comprobar si hay soluciones físicas, pero creo que es mayormente una cuestión social. Creo que como tal debería encararse. ¿Qué significa esto? Pues que tiene asociada una lucha (o muchas luchas) a nivel político-social, y también, que es un tema que debe tratarse desde un ángulo filosófico y moral. Vamos, como el feminismo o como el ecologismo. En ambos casos también se parte de unos datos objetivos, pero su principal vertiente es la política, y ésta se acompaña de muchas corrientes de pensamiento, y hasta de alguna que otra corriente espiritual-religiosa (esto último no puedo evitar mirarlo con recelo). Esas corrientes de pensamiento son muy necesarias, porque son las que le dan profundidad y contenido a la lucha política, hasta el punto en que acaban formando un todo.

Por cierto, hay mucha gente que cree que la filosofía ha muerto. Mi sensación personal es la opuesta, la filosofía está más viva que nunca, y también, es más necesaria que nunca. Pasa que, igual que con la ciencia, se ha fragmentado y especializado. 

sábado, 23 de marzo de 2013

Reflexiones transversales

Llevo un par de meses bastante buenos a nivel personal, pero de nuevo se acerca una época de turbulencias y me da miedo no ser capaz de seguir manteniendo este estado de ánimo. Me doy cuenta de que voy a necesitar volver a encontrar cosas que me motiven, que es algo que últimamente conseguí casi de casualidad. Sé que es posible, pero me da miedo no encontrar las fuerzas pasa hacerlo.

En cierto modo, me estoy especializando en dos campos muy distintos: el de los problemas energéticos globales y el de los feminismos. Ya lo he contado otras veces, que sean campos tan distintos me genera una gran sensación de desubicación. Porque a menudo parecen excluyentes entre sí, y porque a menudo cada grupo de personas implicado en uno de estos campos mira por encima del hombro al resto, y a continuación cometen errores en el otro campo que me resultan muy deprimentes. Y sin embargo, en ambos casos la conclusión básica es la misma: es necesario un cambio de sistema económico y social.

Ese cambio necesita de estas dos fuentes de conocimiento y seguramente de unas cuantas más. Para mí es muy evidente, porque estoy en la intersección de los intereses de ambos grupos (y de algunos más). En ambos casos, de vez en cuando encuentro a alguien con quien momentáneamente creo estar de acuerdo en casi todo, hasta que dice o hace algo que me horroriza.

Aun así estoy en una fase optimista. Porque veo a gente haciendo cosas. Aunque sea a trompicones, aunque sea equivocándose, aunque siga siendo minoritario (lo de hacer algo), por lo menos veo a gente haciendo cosas.

Sigue dando miedo la palabra "radical". Como si fuera sinónima de "violencia". Y yo cada día me siento más radical, aunque no necesariamente violenta. Creo que es necesario reivindicar nuestro derecho a la defensa, pero también me doy cuenta de que la violencia lleva a un lugar aun más negro (en España tenemos bastante experiencia en este tema, aunque la memoria histórica se vaya perdiendo por inanición).

Mirando la tele oí que decían que el 80% de la gente en España apoya la candidatura para los Juegos Olímpicos. No he querido contrastarlo. Temo que sea verdad. Aunque la misma persona a continuación dijo una mentira tan grande como que económicamente siempre sale a cuenta. Como alguien me dijo, que pregunten a lxs griegxs.

También alguien me dijo (y tampoco me he atrevido a contrastarlo) que mientras en Cataluña se ha conseguido frenar temporalmente el fracking, en la Comunidad de Madrid se sigue el camino opuesto. La idea de que sea verdad me da ganas de llorar. Junto al Eurovegas y a los Juegos Olímpicos, estas medidas suponen exactamente lo opuesto a lo que se debe hacer para intentar tener una mínima posibilidad de supervivencia. Decía que la violencia debe evitarse, pero me pregunto, ¿cuando la gente descubra lo que significa hacer todo esto en un momento como éste, seguirá estando por las protestas pacíficas?

Quizá aleguen que no lo sabían. Quizá alguien lxs crea. Pero no será verdad. Porque si lo sé yo, lo saben ellxs, aunque prefieran mirar hacia otra parte.

Se están haciendo cosas. Como okupar terrenos. Con el nivel de paro que tenemos, no entiendo cómo no se hace más.

El consumo se desploma. Puede parecer malo, pero es bueno. Lo malo es qué tipo de consumo es el que se mantiene. En épocas difíciles, no se elige donde comprar, se compra donde se puede.

En realidad, la única solución es crear un mercado paralelo. Al principio me parecía una locura, pero según le voy dando vueltas le encuentro más y más sentido. Aunque sigue existiendo el punto complicado de cómo participar simultáneamente en ambos mercados, algo que va a ser necesario durante bastante tiempo. No se habla de él, pero ese mercado ya existe. Es la suma de muchos pequeños proyectos que están en marcha. Y deben crecer y deben encontrar la manera de complementarse entre sí. Creo que esto también lo he dicho, no es necesario tener euros si tienes las cosas materiales e inmateriales que necesitas.

El feminismo está muy bien, es muy necesario, pero debe conseguir incluir a los hombres. No sé cómo se consigue que los hombres se interesen por el feminismo. Tampoco sé cómo se consigue que las mujeres hablen de los problemas energéticos. O mejor, no sé cómo se hace para que en un debate haya tanto hombres como mujeres (e idealmente, personas con otras identidades) que debatan en igualdad de condiciones, de manera constructiva, y consiguiendo comprenderse. En el tema de la comunicación me siento a medio camino, no me siento mujer ni me siento hombre. Creo que es el aspecto en el que más queer me considero.

Y se debe hablar más sobre el concepto de familia. El anarquismo clásico lo hacía. Pero no basta con cargarse la idea y ya. Porque es necesario tener alternativas y porque hay mucha gente que tiene un vínculo positivo con su familia (aunque no sea idílico). Ahora pienso esto: no quiero tener hijxs de manera convencional, pero sí de manera no convencional. Eso no significa plantearme otras maneras de llegar a tener esx hijx, sino cambiar en concepto de maternidad/paternidad (me falta una palabra sin género para lo que intento transmitir).

Tengo muchas ideas de lo que creo que debe ser, pero son ideas que se quedan en mi cabeza. Vale, paso de monogamia estricta y me planteo el poliamor, pero no sé donde encontrar personas con las que pueda generar este tipo de vínculos. Vale, paso de querer tener hijxs en exclusiva y me planteo otras formas generar vínculos con niñxs, pero no sé ni por donde empezar a crear un algo con otras personas que me permita llegar a eso que me gustaría tener. Vale, paso de querer ser propietaria de todo lo que uso, pero no sé dónde encontrar personas con las que compartir ni sé cómo conseguir y gestionar lo que consigamos. Vale, me planteo una forma de trabajo más colaborativo, pero no acabo de ver cómo llegar a formar esas estructuras de trabajo, y aun menos, cómo conseguir escapar del Sistema, por muy cooperativistas que seamos.

En definitiva, me faltan personas que encajen con mis ideas, con la dificultad de que mis ideas son un conglomerado de cosas cogidas de aquí y de allá, y con la otra dificultad de que para conseguir que realmente fueran útiles y sirvieran para transformar la realidad, deberían llegar a ser mayoritarias. Este es el punto en el que estoy.

miércoles, 20 de marzo de 2013

Estética

Si tuviera un trabajo remunerado no sé cómo lo haría. Si ahora ya soy incapaz de hacer todo lo que me gustaría... Pero hoy no quería escribir sobre tiempo, sino sobre estética y recursos.

Para situarnos, ya he comentado algunas veces que tenemos un problema grave de recursos a nivel mundial. Un problema que no es técnico, sino que es artificial y viene generado por el Sistema mismo.
También he comentado alguna vez que cada día me obsesiona más este tema y que intento tomar medidas en mi vida diaria. Por ejemplo, intento comprar alimentos de proximidad, aunque me cuesta, porque una tiene sus vicios y sus costumbres y renunciar a ellas no es fácil. A otro nivel, hace tiempo que no me compro ropa. Creo que desde la última vez ya ha pasado año y medio. Desde entonces creo que he recibido algunos pantalones, y quizá alguna otra prenda, de donativos (siempre de personas que conozco). En el tema de la ropa, hace un par de meses vi que en algunos lugares de Barcelona ya se practica el intercambio de prendas (algo parecido a lo que cuentan en Pikara) sin mediación de dinero y sin que sea un trueque (puedes llevarte ropa sin poner nada). Pero me sigue fallando lo esencial: poder conseguir ropa nueva y de proximidad. Digo esencial, porque creo que tarde o temprano va a ser necesario volver a ese punto, generar todo lo que necesitemos en las cercanías, y solo usar el comercio entre lugares lejanos de forma complementaria.

La ropa ya es algo estético. Y tiene efectos en mi aspecto. Ahora por ejemplo no tengo pantalones más o menos "elegantes" y que puedan llevarse en invierno.

Luego hay otros temas. Como la depilación. Tema con el que he tenido muchas dudas desde que llegué a una edad en la que "las chicas" empiezan a depilarse. La primera vez que yo lo hice tenía 15 años y la mujer que lo hacía (era uno de tantos lugares donde se depila con cera) se escandalizó de que no lo hubiera hecho antes. Supongo que "la edad" oficial es a los 13 años o así... En cualquier caso, desde entonces no he repetido mucho. Por suerte o por desgracia (ahora creo que lo primero, aunque durante muchos años no lo tuve tan claro), me tocó una madre bastante peculiar, y si quería depilarme realmente tenía que salir de mí.

El precio de depilarme más bien poco fue que me acostumbré a llevar pantalones largos todo el año (algo que no lamento mucho, porque hay pantalones largos mucho más frescos y agradables que los cortos, y la posibilidad de ponerme de faldas ni me la planteo), y dejar de ir a piscinas y playa. Esto último no me gusta tanto. Periódicamente me he planteado depilarme de otras maneras. Como con láser, o como con cuchillas. Las últimas veces opté por éstas. A parte del inconveniente de que también irritan la piel, de que el efecto dura poco, y de que en seguida se notan (al tacto) los pelos duros volviendo a crecer, me supone varios problemas éticos.

¿Cuantas cuchillas se fabrican al año? ¿Cuantos recursos consumen? ¿Qué se hace con los residuos que generan? Son preguntas que no puedo olvidar. Me pasa algo parecido con la opción láser (no solo es la energía consumida en ese momento, es toda la energía necesaria para llegar a fabricar ese láser).

Y por otra parte, si a mí me gustan mis piernas sin depilar (como es el caso), ¿por qué debería depilarlas? Realmente mi única razón sería evitar toda la presión social ejercida para que hagamos este tipo de cosas. A veces, cuando se me va un poco, pienso que algún día los seres humanos que habiten en la tierra nos odiarán profundamente por este tipo de cosas. "Si, hijx, gasté todos los recursos que te tocaban a ti y no a mí, pero es que... ¡no quería que me miraran mal por la calle!" (Lo sé, no es solo mirar mal, es mucho más...)

Tengo a toda mi familia convencida de que odio la playa y las piscinas, cuando realmente me encantan. No quiero renunciar a mi ética anti-depilación, pero tampoco consigo superar mi miedo al rechazo (por ahora).

Siguiendo con la estética, creo que deben distinguirse las prácticas que van asociadas a un consumo absurdo y totalmente insostenible y las prácticas que no lo son. Por ejemplo, la depilación facial realizada con pinzas es perfectamente sostenible. El corte de pelo, también (desde que empecé a cortarme el pelo a mí misma, mi calidad de vida ganó mucho, aunque parezca que deba ser al revés). 

En un lugar parecido pero distinto están todas las cosas que se generan relacionadas con la higiene personal. Como el cepillo de dientes, que teóricamente debe reemplazarse cada pocos meses. ¿Donde van todos esos cepillos? Y otros complementos, como mis gafas. Las necesito, pero no estoy muy segura de que su industria pueda ser sostenible. Y si un día dejamos de usar petróleo, ¿podremos seguir haciendo zapatos y zapatillas que permitan andar sin perjudicar la espalda?

Todo esto me lo planteo porque creo que el mundo que queremos debemos ponerlo en práctica desde ya, y estos son algunos de los puntos relacionados con el día a día que veo de difícil solución. En muchos aspectos de la vida veo maneras alternativas de hacer las cosas, y veo que es posible hacerlo ya (aunque no es fácil), pero sigo sin ver una solución completa. Sigue habiendo muchos huecos aun. Y hoy he dejado de lado el más importante: la salud. Tema que da para mucho y que supone toda una problemática ética muy compleja.

sábado, 16 de febrero de 2013

Cambio social

Recuerdo unos vídeos de Teresa Forcades en los que hablaba sobre feminismo. En catalán. Discutía sobre los feminismos de la igualdad y los feminismos de la diferencia y los problemas que veía en ambos. Discutía también sobre la individualidad y la colectividad. Y llegaba a la bonita conclusión de que llegará un momento en que voluntariamente y de forma consciente elegiremos anteponer los intereses de la comunidad a nuestros impulsos primarios (que como contaba ella misma, no siempre son buenos, ni siempre es deseable seguirlos).

Escribo de memoria y ya hace meses, pero creo que iba por ahí...
Por cierto, si alguien los mira y se pregunta qué significa escatología, es algo sobre lo que ya escribí

Ella cree en la humanidad. Quizá porque también cree en Dios. Ese anteponer la colectividad a la subjetividad es lo que yo suelo llamar responsabilidad. Y es el punto esencial para poder concebir una sociedad anarquista en el buen sentido. Si consideras que la gente es capaz de ser responsable, entonces una sociedad anarquista (o cristiana, en un sentido primitivo) es posible. En caso contrario, no. Mi problema es que yo no tengo esa confianza en la humanidad, así que soy una anarquista frustrada.

A principio creí que el problema era la educación. Ese término tan amplio y donde suelen ponerse todos los problemas del mundo. Ahora veo que incluso entonces ya pensaba en las estructuras sociales desde las que partimos. Esas estructuras son incompatibles con sistemas igualitarios. Es difícil llegar a vivir en la misma planta cuando unxs empiezan en un ático y otrxs en el sótano, y a todo el mundo le parece lógico que sea así y así siga siendo. Quien vive en el ático debe elegir bajar. Quien vive en el sótano debe montar una revolución para tirar el edificio al suelo.

En la historia ha habido grandes revoluciones. Y ninguna ha conseguido tirar el edificio al suelo. A lo sumo se ha conseguido tirar a algunas de las personas que vivían arriba, pero de poco sirve si las estructuras (mentales) permanecen.

Al principio creí que desde la educación se podía cambiar todo. Luego vi que no, que la gente es demasiado manipulable. En TV3 hablaban sobre consumo (en catalán), y entre otros temas, salió el neuromarketing. Al final de su intervención, el hombre dice algo así como que es ético mientras "no se haga un mal uso". Ante lo cual no puedo dejar de preguntarme: ¿quien decide qué es un mal uso? A mí el propio concepto ya me parece un mal uso por definición.

En algún momento creí que solo algunas personas son capaces de pensar en términos de igualdad. Lástima que la vida se empeña en querer demostrarme lo contrario. Empiezo a creer que si hay alguien que realmente pueda pensar de forma igualitaria, acaba encerrándose en algún lugar por pura desesperación. O algo así.

Para dar un enfoque más o menos positivo. Ahora intento creer en la democracia participativa. Y en contar las verdades, aunque a menudo sean autoengaños. Por ejemplo, es imprescindible que la gente sea capaz de darse cuenta que cada vez que en política dicen "transparencia" en realidad quieren decir "opacidad de colores diferentes". La transparencia debería ser absoluta, sin matices, sin a continuación apelar al "derecho a la privacidad". Eso no es transparencia.

Ahora hasta el PP y el PSOE hablan de listas abiertas. Igual ya se han dado cuenta hasta ellos de que eso no supondría una gran diferencia. Apenas un matiz, algo que no cambiaría nada. Por eso puede que se consiga. No está mal, sería un avance, pero falta mucho más. Lo relevante es: el nivel de poder de los partidos políticos, y el reparto de votos en los territorios. Hay varias provincias que son demasiado pequeñas, incluso si quiere mantenerse un reparto de representantes por provincias. Además, como mínimos que deberían cubrirse para imaginar decentemente que vivimos en democracia, se debe poder regular directamente desde del pueblo. Facilitando los referéndums, facilitando los referéndums locales, facilitando las ILP, etc.

Aunque lo realmente importante no es el tipo de democracia, sino el sistema económico. Los mínimos exigen que todas las personas tengan derecho a la vida en condiciones aceptables: techo, comida, agua, sanidad (por lo menos básica), gestión de residuos (especialmente orgánicos). Podemos creer que en España esto ya lo tenemos, pero no es así. Y además, aunque así fuera, mientras se sustente sobre la esclavitud en otros lugares del mundo (como sucede), no será verdad. Los mínimos deben exigirse para todas las personas del mundo.

El problema es que pedir eso y cargarse todas las estructuras es prácticamente lo mismo. Espero que alguna persona más lista que yo haya encontrado alguna solución a lo que a mi me parece un gran laberinto sin salidas. Mientras, como dice Ada Colau, seguiremos porque no podemos permitirnos lo contrario.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Clan

Hay un tipo de juegos de mesa en los que se crean identidades ocultas, que de entrada son colaborativos, pero que incluyen "unx traidorx" entre las personas que juegan, que tiene como objetivo para ganar lo opuesto al resto. Hay muchas variantes. (No voy a nombrarlos, aunque podría. Parece ser que conozco la mayoría de juegos de mesa que se venden en Barcelona.)

En este tipo de juego siempre existe la duda de cuando "delatarse". Cuando empezar a actuar como requiere el personaje para conseguir su objetivo y ganar. Mi filosofía suele ser "cuanto antes, mejor". Y ahora me siento un poco así en la realidad, con la necesidad de tomar medidas rápidamente, pero con la dificultad de la incomprensión sobre este hecho a mi alrededor. Una siempre piensa que el mundo no acabará hoy y que ya habrá tiempo mañana para cambiar. Pero ya vamos cuesta abajo y cada vez que invertimos tiempo y recursos en estar mejor en el escenario en el que vivimos, es menos tiempo y recursos que invertimos en ir en la dirección necesaria.

Y en esas sigo, pensando cositas. De mundos ideales y de mundos posibles. Supongo que con la esperanza de encontrar un mundo posible que sea habitable.

Recuerdo la serie de dibujos Gárgolas, que por esas cosas de la vida seguí durante algún tiempo. Me gustó la filosofía de clan, de la que hablan, aunque no se ve demasiado. Creo que es un tipo de vida que me gustaría. Formar una comunidad, sin que haya necesariamente ningún lazo sanguíneo entre lxs componentes, integrada por personas variadas que se complementan entre ellas. Dentro de este grupo habría personas de distintas edades, también niñxs, que no tendrían una figura de madre ni de padre tan marcada como en la sociedad actual. Así que las maternidades y paternidades serían compartidas en buena medida, sirviendo de referente, instruyendo, y permitiendo que cada criatura eligiera a quien quiere acercarse más.

Faltaría la parte de cómo se produciría la entrada y salida de personas de esta comunidad. Pero dado que no voy a instaurar el sistema, no voy a preocuparme por eso. Alguna manera encontraríamos. Quizá la curiosidad sería motor suficiente. 

Me gusta lo estable que resultaría. Quizá porque no me gustan mucho los cambios (por paradójico que suene esto viniendo de alguien que no para de pensar en cómo cambiarlo todo), especialmente en la parte afectiva.

Hace meses escribí una entrada que no llegué a publicar en la que hablaba de uno de los mayores problemas de terminar una relación de pareja. Si la relación es larga, esa persona pasa a ser mucho más que una pareja que da amor, sexo, y el resto de cosas que se supone que da una pareja. Se convierte en parte de la familia. Y renunciar a la relación con un miembro de la familia es muy duro. No debería darse esta renuncia a una pareja y a una parte de la familia de forma simultánea.

Aquí aclaro a qué me refiero con familia. Para mí familia es un concepto muy parecido al de clan, no se trata de los lazos de sangre existentes, ni al título que se le dé a la relación (hermanx, primx, madre, etc.). Se trata de la convivencia que ha existido, del tipo de relación, de conocerse, de confianza (no para contar secretos, sino para saber que esa persona seguirá a tu lado aunque tengas un mal día).

En este sistema imaginario, las personas podrían acercarse o alejarse según sus apetencias, pero una ruptura no sería un cambio tan brusco. Porque el resto de cosas no cambiarían, o no tendrían por qué cambiar. Y porque sería fácil que dos personas continuaran estando ahí la una para la otra si fuera eso lo que quisieran. Y porque habría otras personas en las que apoyarse fácilmente. Y ni siquiera tendría que existir el sistema de relaciones en parejas monógamas tal y como las entendemos ahora, y eso también creo que sería bueno.

O quizá lo estoy mirando solo por el lado bueno. No lo sé. Pero en general me gusta la idea de clan tal y como lo estoy imaginando.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Algunas alternativas

Los últimos días he estado bastante de bajón. La charla a la que fui el miércoles pasado me dejó muy mal sabor de boca. Más que nada porque era por parte de uno de los grupos de gente que debería estar apuntando soluciones y respuestas, y en vez de eso, solo repitieron el manido "cambiar los hábitos de consumo". Que sí, que es necesario, más aún: indispensable. Pero no suficiente. Especialmente si solo se focaliza en la comida.

En The Oil Crash, han publicado un artículo traducido ofreciendo un sistema de "Simplicidad radical" en el que la clase media consigue vivir razonablemente bien en caso de "Gran Colapso" (cómo les gustan los nombres grandilocuentes). Es decir, como se podría vivir bien sin necesidad de gastar la cantidad brutal de energía que se gasta actualmente entre las clases medias de los países "ricos". Algo que, si te paras a pensar, representa una proporción de la población mundial francamente pequeña. También se le pueden criticar otras cosas, como que peca de exageradamente optimista (por muchas razones). Pero aun así, me parece interesante por el enfoque: estoy convencida de que es posible vivir perfectamente y ser plenamente feliz sin tanto gasto absurdo.

Decía que he estado de bajón, pero como siempre, llega el momento de "cambiar de chip" e intentar ver qué hacer a continuación, que sea razonable y no consista en tirarse por el balcón (o cualquier otra forma de suicidio). Hay muchas cosas que se están haciendo y que van en la línea de cambiar algunos de los problemas más graves que tenemos. Por ejemplo, para paliar en parte la dependencia de comida del exterior de las ciudades, en Barcelona está este proyecto: Incredible Edible. No es el único, hay varias cooperativas de consumo de alimentos, que siempre son de proximidad y a menudo ecológicas. En este mismo sentido cada día me gusta más la idea de volverme vegetariana.

De las elecciones catalanas, una de las mejores noticias fue la entrada de la CUP en el Parlament. En eldiario.es hoy publican una entrevista a Quim Arrufat. Me pasé las semanas previas a las elecciones contándole a todo el mundo que si fuera independentista, les votaría. No sé si convencí a alguna de mis amistades independentistas. En cualquier caso creo que tienen un discurso muy interesante y atractivo, y que va en línea de lo que cada día más personas creemos que debe ser la democracia.

En el mismo periódico digital, hace días entrevistaron a Ada Colau, de la plataforma de afectados por la hipoteca (PAH). Me declaro totalmente fan de esta mujer. De nuevo, hablamos de un movimiento social que intenta cambiar las cosas desde abajo, y que rechazan tener ningún líder ni ninguna lideresa. En este caso, toca otro tema vital: la vivienda.

Por supuesto, hay muchas más cosas que se están haciendo. Aunque sigo pensando que es poco probable que tengan éxito, creo que por lo menos hay que intentarlo.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Mínimos

Ir a una charla y apenas encontrar nada nuevo en lo escuchado. Y lo poco nuevo es prescindible, porque son más ejemplos de lo mismo. Abusos legales. O ilegales, pero no perseguidos por la justicia, más bien todo lo contrario. Abusos y más abusos, que de una forma u otra forman parte del sistema.

Y siempre la misma esperanza insatisfecha: encontrar respuestas. Pero no las hay. Caminante, no hay camino. Se hacen cosas aquí y allá, muchos esfuerzos dispersos y que no consiguen llegar a la raíz. Falta de fuerza. Falta de cantidad de gente con las suficientes ganas.

Y el cinismo de pensar que total, da lo mismo, al sistema tal y como lo conocemos le queda poco, en nada se hundirá y como no habremos sido capaces de adaptarnos lo bastante rápido, en su hundimiento se llevará a la mayoría de nosotrxs por delante.

No me gusta ser una de las personas más informadas porque eso significa que el resto lo está muy poco.

En algún momento me encuentro siendo muy borde. Y lo siento, de verdad que lo siento, porque ser borde no sirve de nada. Es lo opuesto a lo que quiero ser. Pero cómo evitarlo cuando la frustración es tan grande.

Mi yo pragmática se está echando una siesta. Voy a probar a despertarla. ¿Cómo actuar cuando lo ves todo perdido? Intentar perder menos... Ni eso veo cómo hacerlo. Si fuera rica intentaría comprar tierras de cultivo en desuso. Para que dejen de estarlo. Pero en este país nadie quiere vender ni un maldito metro de tierra, aunque no vayan a usarlo para nada. Es su "herencia familiar".

Se necesita: generar alimento. Conseguir un medio de transporte de ese alimento que no dependa del petróleo, gas ni carbón. Asegurarse de que el suministro de agua pueda mantenerse también sin ninguna de esas fuentes de energía. Colectivizarlo todo (especialmente las viviendas). Y conseguir un sistema de reparto justo y asumido por todo el mundo. Todo esto solo para tener las necesidades básicas cubiertas.

Luego hablamos de la salud y la educación y todo lo demás.

Quizá deberíamos centrarnos en conseguir que sea posible llegar a ese mínimo en poco tiempo. Y cruzar los dedos para que cuando los problemas se hagan mayores y más visibles, la mayoría de gente se vaya hacia la izquierda y no hacia la derecha.

No irán así las cosas... Pero si fuera posible, si lo consiguiéramos... El impacto sería mucho menor y podríamos ocuparnos del resto de problemas con un mínimo de tranquilidad.

martes, 20 de noviembre de 2012

Cuando

Siempre dicen (decimos) lo mismo. ¿Cuando se moverá la gente? ¿Cómo puede ser que se queden todos en sus casas? ¿Qué tiene que pasar para que la gente actúe? Siempre en tercera persona.

Cada vez queda menos tiempo. Y está visto que del gobierno no podemos esperar nada bueno, en el mejor de los casos conseguirían no empeorar más las cosas de lo que empeorarán por sí solas (y hasta eso parece demasiado pedir en estos días en los que no paran de sugerir que la única solución es una nueva burbuja especulativa). ¿Cuando dejaremos de esperar a que alguien nos dé la solución?

sábado, 17 de noviembre de 2012

como si

De nuevo, discutiendo con las múltiples luchas, a veces aparentemente contradictorias. Bisexual y transfeminista, ¿es eso posible? Llego a replantearme lo de usar esa palabra (bisexual) por eso que siempre me dicen, que refuerza el binomio hombre-mujer, etc. Pienso en buscar otra: polisexual, omnisexual, pansexual, sexual... Luego me imagino yendo a decirle a mi madre o a mi padre, ahora soy esto (insertar aquí cualquiera de esas palabras). Mi madre y mi padre quizá aun se lo tomarían con amor... "esta niña cada día está peor, pero si está feliz así..." Con otras personas el mensaje se perdería totalmente por el camino. Si pretendo difundir la idea de que es posible ser no-monosexual, sigo creyendo que es necesario usar la palabra bisexual. Estos días con el tema del "matrimonio homosexual" he vuelto a verlo muy claro, en los informativos que ve la mayoría de gente se hablaba de "derechos de gays y lesbianas" (en el mejor de los casos). Para la mayoría de la gente esa sigue siendo la realidad, no existe nada más allá del otro binarismo: o gay o hetero.

También en ambientes más "guays" de libertad sexual y bla bla bla vuelvo a encontrarme con los mismos prejuicios. Que las bisexuales solo quieren sexo y no se preocupan por los derechos civiles porque total, no les afectan a la hora de elegir con quien se van a la cama. Y que por eso las lesbianas las miran con recelo, y es muy lógico, porque claro, las lesbianas sí que quieren formar familias con otras mujeres y lo son el 100% del tiempo. Estas ideas también siguen siendo las que tienen las personas autoconsideradas "de mente abierta" pero que no están totalmente metidas en el mundo LGTB o feminista. De nuevo, el problema que tienen con la bisexualidad no es que sea binarista, son los prejuicios que lleva asociada la palabra por no ser monosexual.

Este es un tema, una guerra interna... Luego hay más. Como la de ser de izquierdas y ecologista. En las últimas entradas cuento que es posible que la economía no vuelva a crecer, y que si lo hace puede que sea un crecimiento cada vez más inestable, en periodos breves y seguidos de nuevas bajadas. Esto en el modelo económico actual significa subida continua del paro. Como persona de izquierdas eso no me gusta, claro. Pero las políticas que deberían aplicarse para cambiar esta tendencia a corto plazo son lo opuesto a lo necesario para cambiar las cosas a largo plazo, o en otras palabras, para tener un sistema sostenible y ecológico (que es redundante, porque solo se puede ser una cosa siendo la otra). El caso más claro es el de la lucha minera por mantener las ayudas al sector del carbón (es decir, a las empresas, no a los trabajadores). 

Y sin embargo, pese a todas estas aparentes contradicciones (y tantas otras, alguna de las cuales he comentado en otras entradas), cada día estoy más convencida de que el cambio solo puede producirse si se da a todos los niveles. Ante la frase "la revolución será feminista o no será" estoy totalmente de acuerdo, pero tampoco basta con eso. Debe ser feminista, debe estar por los derechos LGTB, debe garantizar la igualdad de derechos y de oportunidades para todos los seres humanos del planeta, debe ser antiracista, debe romper las fronteras, debe poner las personas por delante del capital o de las banderas o de las lenguas o de cualquier otra idea, debe basarse en la libertad, debe basarse en la responsabilidad, debe tener mecanismos para luchar contra la injusticia y los abusos de poder, debe ser ecologista porque debe poder mantenerse en el tiempo, y aquí seguiría un largo etcétera.

Si en algún momento se da una revolución, debe abarcarlo todo. Cualquier solución parcial será solo un parche y probablemente fracasará. 

Solo hay una manera de conseguir esa revolución: cambiar las estructuras mentales de la gente. Veo cada vez más gente diciendo lo mismo: este sistema está colapsando, necesitamos alternativas. Y para llevar a cabo esos cambios, se aplican los sistemas "clásicos": manifestaciones, vagas y otras acciones de protesta más pacíficas o más violentas. Y cada vez tengo una sensación mayor de que nada de eso sirve. No sirve protestar. Hay que actuar como si ya lo hubiéramos conseguido. Si se desea un sistema solidario, hay que actuar solidariamente. Y una vez esto lo tengamos, si hay represión, ya se verá como se combate.

Escribo esto y me doy cuenta que buena parte de estas ideas no son mías... 

martes, 13 de noviembre de 2012

Futuro renovable

Siguiendo el blog que comentaba ayer (The Oil Crash), me he encontrado que responden a las preguntas que llevo tiempo planteándome sobre si es posible un futuro basado en energías renovables, y más concretamente, cuales serían esas energías. En esta entrada se presenta un artículo publicado en una revista científica (lo que significa que por lo menos ha sido revisado por otras personas que saben del tema) en el que se analiza cómo podría ser ese futuro energético. 

Pasa, por supuesto, por reducir drásticamente el consumo energético actual. Lo cual, como ya comenté hace meses, pasa por reducir drásticamente el consumo de "cosas". Lo cual nos lleva, como de costumbre, a una única solución: replantearse el sistema económico entero.

Comentar que tanto los autores del artículo como el autor del blog trabajan en el CSIC, centro de investigación que está sufriendo unos recortes bestiales. Sé que este tema parece menos grave como otros como la educación primaria o la sanidad... Pero ahora mismo recortar en investigación puede condenar a la miseria a muchas muchas generaciones de la humanidad, no solo la nuestra, no solo la próxima. La única manera como es posible que esta "crisis" sea realmente una crisis puntual y no se convierta en el estado común de las cosas e incluso vaya cada vez a más, pasa por la investigación.

También comentar algo que es sorprendente que se sepa tan poco: España es un país líder en el sector de las energías renovables. Por ejemplo, puedo decir (porque llevo tiempo estudiando este tema) que la mayoría de artículos que se escriben sobre concentradores solares hacen referencia a los construidos en la Plataforma Solar de Almería para hacer ensayos en este campo. Y sin embargo casi nadie conoce ni siquiera la existencia de esta plataforma...

lunes, 12 de noviembre de 2012

Escatología

Esta tarde le he preguntado a cierta persona qué significa escatológico. Me hubiera gustado que me desarrollara bien la idea, pero no teníamos mucho tiempo. Y como siempre que me cuentan algo oralmente, se me olvida una parte y luego me da rabia. Intentaré escribir lo que he entendido, o la parte que recuerdo:

Me ha dicho que hace referencia a el fin último. Como ejemplo, dice que se habla de el comunismo de Marx como un comunismo escatológico, porque no es un comunismo que sucede en el ahora, sino en un futuro lejano.

Entonces ha usado un "nosotros" que no sé a quien se refería... Dice que nosotros rechazamos ese fin último, porque queremos el cambio en el ahora, queremos la felicidad ya. Frente a las promesas de futuros idílicos, ya sea en futuros lejanos de la humanidad, ya sea en vidas futuras individualmente, que siempre pasan por apretarse el cinturón hoy para poder alcanzarlos, nosotros creemos que no debemos esperar, que debemos vivir ahora como queremos vivir. Sin que eso signifique que no tenemos esperanza de un mundo mejor, más bien al contrario: para aspirar a un mundo mejor, debemos empezar hoy a poner en práctica lo que creemos.

Al despedirnos le he dicho que algún día tiene que darnos una charla sobre teología de izquierdas. Luego he caído en que tampoco sé a quien me refería con ese nos.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Cooperativas

Hace ya algunos años fui a una charla sobre cooperativas. No tenía ni idea de lo que eran, pero el nombre molaba, así que decidí informarme. Vino una chica que poco antes había empezado una, junto con dos o tres personas más, y se dedicó a contarnos su experiencia. Todo muy coloquial.

Me gustó, claro. Especialmente me gustó su planteamiento. Decía cosas como que una empresa cooperativa no tiene por qué ser superguay, llena de buenas personas que quieren un mundo mejor y que se pasan el día sonriendo. Puede que solo eligieran formar una cooperativa porque decidieron que era más rentable a corto plazo.

Está la idea básica de repartir equitativamente los beneficios en función de la cantidad de trabajo realizado, y no en función del dinero invertido en la empresa. Pero el cómo se mide esa "cantidad de trabajo" tampoco es algo estricto. Puede entenderse como "horas trabajadas", sea con el cargo que sea (tanto cobraría quien ocupe la presidencia, como quien está en secretaría). Puede decidirse que no, que es mejor tener en cuenta la cualificación profesional (títulos, experiencia...). O puede repartirse en función de los proyectos realizados, porque una persona puede necesitar cuatro veces más tiempo para realizar un mismo proyecto, y eso no significa que deba cobrar cuatro veces más. Aunque puede invertirse el argumento: si una persona necesita cuatro veces más tiempo para realizar un proyecto, al final del año, se habrá ocupado de cuatro veces menos proyectos que el resto. ¿Es justo que cobre cuatro veces menos?

También está el principio de "una persona, un voto", en contraposición al funcionamiento de sociedades anónimas y sociedades limitadas, donde se sigue el "una acción, un voto". Pero aquí ya entramos en las distintas categorías de socixs, y ahí ya empiezo a perderme... El modelo del que nos habló esta chica era muy sencillo: las mismas personas que trabajaban eran las que ponían el capital inicial. Un sistema práctico, porque evita la separación entre la toma de decisiones y ser quien tiene que asumir esas decisiones. Lo cual lleva a responsabilizarse de todo el proceso, tanto tomar decisiones como luego acatarlas, como el hecho mismo de buscar que la empresa funcione.

En algún momento también habló de la necesidad de crecer de una empresa. Decía que era "lo natural" para una empresa. Esa parte no me gustó tanto. Si no se consigue un modelo basado en asumir un tamaño manejable y quedarse ahí, se volverá a chocar una y otra vez con el mismo problema. El crecimiento infinito no existe. El crecimiento económico tal y como se entiende ahora va intímamente ligado al endeudamiento, y este a su vez es el cáncer del sistema económico. Con este sistema lo que se consigue son grandes gigantes con pies de barro, que inevitablemente acaban por aplastar a las mismas personas que se alimentan de ellos.

En cualquier caso creo que es necesario repensar el modelo de empresa clásico. Para cambiar algo en el mundo debemos empezar por cambiar dos cosas: nuestra manera de trabajar y nuestra manera de consumir. Solo si conseguimos hacer ambas cosas de forma ética tendremos alguna opción de conseguir un cambio global.

jueves, 18 de octubre de 2012

Cultivando

Pienso en lo que decía mi profesora de historia en bachillerato sobre la necesidad de cultivarse. Pienso también en lo que leí sobre el aprendizaje, y concretamente sobre esa teoría en particular que hablaba de la edad mental de los niños (sí, solo hablaba de niños). Según esta teoría un niño solo puede aprender lo que le permite su edad mental. Lo usaba para justificar por qué dos niños de la misma edad, ante el mismo problema resuelto por su profesor (seguía en masculino), uno es capaz de aprender a resolverlo por sí mismo y el otro no. De ahí, salto a las clases de pintura que yo misma tomé brevemente. Nuestro profesor (uno de esos filósofos de bar) decía que cuando una pintura (o una obra en general) recibe accidentalmente una mancha, si el/la autorx de esa obra decide mantenerla, esa mancha pasa a formar parte de la obra exactamente igual que si la hubiera hecho adrede. En el cambió de su visión ante este hecho accidental, y su siguiente elección (no eliminarlo o disimularlo) está su creación. Y siguiendo en la misma línea, me acuerdo del clásico ejemplo del descubrimiento de la penicilina. Se dice que fue un accidente. Pero, ¿acaso hubiera tenido la misma importancia ese accidente si hubiera sucedido en otro laboratorio? ¿Acaso hubiera servido de algo si no hubiera habido alguien al lado capaz de comprender lo que acababa de suceder?

En todos los casos se trata de lo mismo, estar preparadx mentalmente. Y para eso es necesario cultivarse, como decía mi profesora.

Creo que esa es la principal función del feminismo actualmente. Cada vez que leo algo sobre feminismo, no me dedico a cambiar las leyes activamente, no me dedico a quemar machistas, no me pongo un sombrero de punta y una escoba entre las piernas ni  me dedico a perseguir a las mujeres para que abandonen a sus maridos. Ni siquiera cuando ante un determinado hecho puedo valorar la cantidad de machismo que hay en él, no es esa la parte relevante. Lo que importa es cómo me cambia a mí. Y no me cambia porque me crea todo lo que me dicen, me cambia porque valoro cada palabra, la analizo, la miro desde distintos ángulos, la pongo en duda. Quizá esa es la parte más importante: me parece válido poner en duda cualquier cosa. Esa duda que es tan imprescindible en ciencia (tan masculina ella) es la misma que me acompaña cuando leo textos feministas.

Como cuando estaba en esa asociación LGTB. Decíamos que la mayoría de nuestras actividades iban dirigidas al "exterior", es decir, no estaban pensadas para la gente LGTB, sino para "el resto". Esto solo era una verdad a medias... Teóricamente sí, era así. Pero lo importante de nuestras actividades, de nuestras colgadas de carteles, nuestros ciclos de cine totalmente abiertos, nuestras performance (las raras veces que había alguna), nuestras charlas, nuestra visibilidad en la calle, nuestros repartos de condones y todo lo demás... siempre era el efecto que tenían sobre quien realizaba esas actividades. Participar en ellas, aunque solo fuera estando allí, dando apoyo moral, cambiaba la propia concepción de quienes lo hacíamos. Eso, junto al hecho de conocer a otras personas LGTB, algunas de las cuales llevaban una vida perfectamente saludable y gratificante, y los debates que manteníamos en los momentos más inesperados, era nuestra aportación al mundo.

jueves, 11 de octubre de 2012

Pesimismo

Ahora hace tiempo que no escribo sobre sistemas alternativos. En parte se debe a mi estado de ánimo, que está especialmente pesimista. Le doy vueltas a eso que llamamos condición humana y me pregunto si es posible llegar a un sistema más justo. O por el contrario, me planteo si dejar de buscar un sistema más justo no será lo que acabe de arruinarlo todo. Ahora tengo la impresión de que si no se cambia periódicamente el sistema, este tiende a pervertirse. Y así llegaríamos a las revoluciones sistémicas, una paradoja que a mí yo cínico le resulta muy graciosa.

Como escribí hace unos días, he estado leyendo Homenaje a Cataluña, de George Orwell. Ahora lo considero un libro indispensable. Tal como me avisaron, una llega plantearse si no fue mejor así, que ganaran "los malos", para poder continuar viendo a "los buenos" como a eso, buenos.

El problema con los sistemas ambiciosos, que pretenden conseguir la igualdad total, siempre es el mismo. La gente es fácilmente manipulable. Asumirlo hace prácticamente imposible imaginar un sistema igualitario que pueda funcionar. Y digo "prácticamente" solo por dejar mínimamente la puerta abierta al optimismo.

Podría poner muchos ejemplos. Me quedo con el tema que conozco, las energías renovables. Actualmente todo el mundo está a favor de las energías renovables, ya no es una cuestión razonable, es un dogma de fe, las energías renovables son buenas. Y punto. Sin embargo (hasta donde sé), no existe ninguna energía renovable idílica, todas tienen sus puntos oscuros, algunos muy muy oscuros. Es difícil conocer y valorar los pros y contras de cada forma conocida de obtener energía, por una parte porque hay muchos intereses económicos mezclados, pero por otra, porque hay mucho ruido generado alrededor de este tema. Ruido creado por gente que se dedica a hablar muy alto sin saber de lo que habla.

Me imagino un referéndum sobre este tema. La decisión que saliera, ¿sería una buena decisión? Es casi imposible. Es más, en caso de que se tomara una buena decisión, sería por pura casualidad.

Entonces, ¿cómo deben tomarse las decisiones? Siguiendo con el mismo ejemplo, ¿debería elegirse un grupo de ingenierxs para que tomaran la decisión? Sería algo parecido a lo que sucede con el poder judicial actualmente. El problema es que las personas que forman ese grupo también tienen su posición política (entendida en el sentido amplio y no como simple afiliación a un partido) y sus creencias e ideas que condicionaran su visión, y por lo tanto, su decisión. Y además, siempre que se crea un grupo de decisión está la cuestión de cómo se elige a las personas que lo forman. Y cómo se consigue la independencia de esas personas, puesto que en este tema (como en cualquier tema importante) hay intereses económicos importantes.

En definitiva, que me falta mucho por saber sobre sistemas políticos. Aparentemente, todos los sistemas que funcionan se basan en la transparencia y en la vigilancia mutua (por ejemplo, se crean varios partidos, cada uno con sus intereses, y los unos se vigilan a los otros). Pero visto como está la situación económica mundial, cuesta creer que con eso sea suficiente.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

De revoluciones y estupidez

Son tiempos extraños. Diríase que son tiempos de cambio, pero por ahora todo sigue igual. Ayer el intento de rodeo al Congreso. Y el intento de rodeo al Parlament. Y dentro del Parlament, un paso más para intentar independizar Cataluña. Muchos intentos de.

Ahora me ha dado por escuchar a Lluís Llach. Que si la gallina ha dit que no. Que el meu país es tan petit. Que si l'estaca, si tu l'estires fort per allà i jo l'estiro fort per aquí, segur que tomba tomba tomba. Que no és això, companys, no és això. Y venim del nord, venim del sud. Y ya que estaba, me he acordado de Labordeta y su Canto a la libertad.

Y con todo esto de fondo, me he puesto a leer Homenaje a Cataluña de George Orwell (sí, el mismo de 1984). Tal como está el patio, más vale recordar nuestro pasado no tan lejano.

jueves, 9 de agosto de 2012

Propiedad

- Se lo voy preguntando a todo el mundo, pero nadie me responde. ¿Qué es ser de izquierdas? ¿Qué es ser de derechas?

-  Algunas personas sabemos que todo es de todos y defendemos que es así. Pero hay algunas personas que dicen "no, esto es mío" y tratan de apropiarse de las cosas.

Muestra de un diálogo al que asistí hace días. Lamento no recordarlo mejor. Pero me quedó muy marcada la parte de "todo es de todos". No como opinión, sino como hecho. Quizá esa es la mayor diferencia, más que defender un modelo económico u otro, tener claro a quien pertenecen las cosas.

Imagino un mundo donde supiéramos que todo pertenece a la humanidad (en realidad es un poco feo que la humanidad se apropie de todo, con la cantidad de seres vivos que hay en el planeta, pero dejémoslo así). Al hacer una extracción de petróleo, el precio de este no sería simplemente el coste de la extracción, lo cual pervierte completamente lo que se paga por las distintas fuentes de energía. El precio tendría en consideración lo que le cuesta a la humanidad conseguir el petróleo que hay que extraer, cuales son las reservas existentes en todo el planeta, quizá incluso las consecuencias de esa extracción para el medio ambiente global.

Si el petróleo pertenece a la humanidad, es esta la que debe fijar el precio de venta a quien desee extraerlo y usarlo. Lo mismo para el gas natural y el carbón. Lo mismo para todos esos minerales indispensables para fabricar elementos de "tecnología punta". Oro, aluminio, titanio, magnesio, litio, y un larguísimo etcétera. El precio de la mayoría de estas cosas subiría, con lo cual en algunas partes de planeta nos costaría más conseguir la "teconología punta", pero también se equilibrarían las cuentas, sin necesidad de cambiar de sistema económico.

¿Y por qué las cosas pertenecen a algunas personas y no a la humanidad, según el comercio internacional actual? ¿En qué momento se apropiaron de la tierra? A veces "los ricos" (neoliberales) dicen que todo lo que tienen proviene del trabajo, en última instancia. Pero no es cierto, en última instancia todo proviene de la violencia, de apropiarse de lo que es de todxs por la fuerza.

Ese enriquecerse de forma que la mayoría de gente consideraría inmoral ni siquiera es algo antiguo, pasado, con esa idea asociada de que no se puede hacer nada por cambiarlo, porque el pasado pasado está. También sigue sucediendo. Riqueza generada por trata de esclavos, por trata de esclavas, por la prostitución ajena, por la venta de armas, por el uso de armas, por robos a múltiples escalas, por usura, por tráfico de drogas a gran escala, etcétera, etcétera. Todo el dinero que se mueve en todos los negocios ilegales o alegales, es dinero que va entrando y saliendo de "el sistema". (Para más información sobre este tema, en el informe 8 de Seminari Taifa, de descarga gratuita, le dedican todo un capítulo) Todo ese dinero sigue siendo uno de los pilares de nuestros "estados del bienestar".

martes, 12 de junio de 2012

Coherencia, o falta de ella

Al final, todo es una cuestión de coherencia.

Es la decisión de Gaius Baltar (de Battlestar Galactica). Si te apuntan con un arma, y te piden que firmes la muerte de más de un centenar de personas, sabiendo que lo harán igual y que esa firma solo le da cierta legitimidad al asesinato, ¿qué haces?

Si tienes que elegir entre tener un sueldo y ayudar a un sistema que es lo opuesto a lo que crees que debe ser, ¿qué haces? Si tu trabajo es firmar desahucios, ¿qué haces? Si eres policía y te piden que actúes en una manifestación con la que estás de acuerdo, y te encuentras con que tu superior de dice que tienes que cargar, aunque lxs manifestantes estén perfectamente pacíficos, ¿qué haces? Si para ir a trabajar, usas combustibles fósiles, ¿qué haces? Si te piden que camufles las cuentas de tu empresa para que esta consiga subvenciones que no merece, ¿qué haces?

Imagina que un día todxs decidiéramos ser coherentes. Que hagan esos trabajos personas a las que realmente les parezca bien. O por lo menos, les de igual. ¿No sería toda una revolución?

Lo más triste es que los trabajos que realmente valen la pena son los más menospreciados: los de trabajar en el campo, en el cuidado de otras personas, en la limpieza, transportando comida, etc.