Ayer la bombona de gas se terminó. El sistema que tenemos en casa no consiste en tener varias bombonas de repuesto y cambiarlas por nuevas cuando es conveniente, sino que solo hay una bombona y cuando se termina hay que llamar (por teléfono) para que traigan otra. La parte buena es que el servicio es muy rápido, en menos de media hora tienes una bombona llena. Pero para mí tiene una dificultad muy seria: la necesidad de llamar.
Luego por la tarde el plan era quedar en un bar con otras personas. Personas a las que yo no conocía, pero que mi hermana quería presentarme. En principio, parecía que ella vendría a buscarnos (a mí y a mis sobrinos) para ir hasta allí, pero luego vio que no le daba tiempo, así que contactó con un taxista para que nos viniera a buscar. Es decir, hizo buena parte del trabajo más difícil para mí, contactó con estas personas y concertó la cita (varias llamadas para ello), y llamó también al taxista para que viniera. Y aun así, una parte de mí temblaba pensando que yo no sería capaz de hacer la parte restante, subir al taxi con mis sobrinos e ir hasta allí. Simplemente porque era ir a ver personas desconocidas en un país desconocido, subiendo en un taxi con un taxista que seguramente esperaría de mí que le acabara de dar indicaciones sobre la dirección y con quien (¡horror!) se supone que yo debía negociar el precio antes de salir. Esto último no llegué a hacerlo, pero por lo menos llegamos donde teníamos que llegar y hablé con quien tenía que hablar.
Ansiedad social. Ayer fue un día muy tenso. Como lo han sido muchos desde que llegué. Estamos en una casa que parece que estuvo vacía bastante tiempo, y aunque en general está bien, le van saliendo cosillas que hay que reparar. Y me toca buena parte de la función de supervisión. Cuando tengo a la gente físicamente delante lo llevo bastante bien. Salvo los momentos en que intentan ligar conmigo, que no sé cómo reaccionar, pero tampoco son todos. Podría ser mucho peor. Lo que llevo peor es que la gente que viene a arreglar cosas a menudo es gente que no sabe donde está la casa, y aquí las direcciones no son fáciles de dar. Desde el lugar X (conocido por todo el mundo en esta ciudad), 4 cuadras al este, luego una al norte, verá que hay el lugar Y, y de ahí, 3 casas a la izquierda, hasta que vea un portón metálico rojo. A lo que te preguntan, pero entonces, ¿está al lado del lugar Z, delante de la casa de la señora W? Y claro, no basta dar la dirección una vez. Suelen llamar justo antes de llegar para acabar de pedir indicaciones. Llamar, sí, por teléfono. La mayoría de gente no suele entenderlo, pero para mí, solo el sonido del teléfono ya me pone en alerta, como si fuera el aviso de un terrible peligro. Aunque Nicaragua tiene algunas ventajas en esto, aquí la costumbre de hablar con completos desconocidos es tan común que la gente no se pone nerviosa al hacerlo, hablan con naturalidad (signifique lo que signifique eso), y eso facilita que pueda disimular un poco mejor mis nervios, porque no tengo la sensación de que me estén estudiando con tanta atención como en Barcelona.
Después de 29 años (casi 30) luchando contra la ansiedad social, puedo decir que no es algo que yo haya elegido. Si de repente, por arte de magia, pudiera hacer que "se me pasara", por supuesto lo elegiría, y llamaría por teléfono felizmente, y conocería a toda esa gente interesante a la que siempre he querido conocer, y ligaría un montón. Pero especialmente, si me encontrara con una persona con ansiedad social no le pediría que lo supere. Como si fuera una elección de esa persona. Tampoco la forzaría a llamar por teléfono con argumentos como, "yo ya he llamado muchas veces, ahora te toca a ti" (como si fuera lo mismo para ambas). Si estando en una reunión social, viera que está entrando en pánico, tendría paciencia con ella, trataría de escuchar qué es lo que cree que más le conviene en ese momento, y no la juzgaría ni la miraría como a un bicho raro, no le dedicaría mi cara de "¿qué está mal contigo?". Si viera que no liga, no asumiría directamente que es una monja o que el sexo no le interesa, como si el deseo fuera lo único que importa. Intentaría ser clara con mis intenciones, intentaría decir con palabras qué es lo que espero de nuestra relación, intentaría poner en palabras las normas no escritas. O por lo menos, haría eso, si esa persona me indicara que su ansiedad social tiene orígenes parecidos a la que tiene la mía ahora. Y por supuesto, intentaría valorizarla como merece, tanto dentro de mi cabeza, como en mis actos al relacionarme con ella.
jueves, 22 de enero de 2015
domingo, 18 de enero de 2015
Nicaragua
Nicaragua. Cruzar el charco solo para que la realidad que ya conocía me bofetee. Sabiendo que será así. Ver los privilegios tal cual. Sí, yo tengo los casi 800 euros que costó el billete. Sí, los tengo sin tener un trabajo remunerado. Sí, si hubiera intentado el viaje al revés, hubiera tenido que pagar 200 o 300 euros más. Sí, aquí 200 o 300 euros puede ser el salario de una persona que trabaje más de 8 horas al día, y podría ser menos.
Creo que desde que llegué no he parado de preguntarme para qué coño he venido aquí.
Creo que desde que llegué no he parado de preguntarme para qué coño he venido aquí.
viernes, 3 de octubre de 2014
Nombrar la locura
Leo un texto hablando de Asperger. Otro más, casi de casualidad. Y como las otras veces me encuentro comparandome. Con la sensación de que habla de mí, pero no. Porque en algunas cosas no me parezco en nada. Y sin embargo, me cala esto de "No es fácil darse cuenta de que eres diferente de los que te rodean, de que no interpretas la realidad como ellos."
Y entonces empiezo a darle vueltas a esto de la psiquiatrización. Cómo todo se convierte en un transtorno mental. La necesidad de nombrarlo para que exista. El marcar la línea de lo enfermo y lo sano. La palabra "discapacidad".
"Aunque puede parecer impactante que te digan que has nacido con una discapacidad, la verdad es que saberlo ayudó a que mi familia y mis conocidos entendieran un poco mejor mi manera de relacionarme con los demás. Y dejaran de inquirirme porque no me relacionaba al mismo nivel que mis semejantes."
Nombrar algo que me sucede, llamarlo discapacidad, para que la gente de mi alrededor deje de prentender que sea de una manera distinta a la que soy.
Y entonces recuerdo ese día, hace unos meses. Cuando fui a una charla que me hacía mucha ilusión, y se llenó de gente. Había mucha gente en muy poco espacio. Y yo conocía a muchas de la personas que estaban, así que tenía como cierta obligación de actuar en consecuencia, saludar, sonreír, hablar un poco aquí y allá.Empecé a ponerme nerviosa Me puse más nerviosa que de constumbre. Ansiedad. Subiendo. Intenté las cosas que suelo intentar cuando me sucede esto. Pero mis recursos demostraron ser insuficientes. Hasta el punto de decidir marcharme.
Y se lo dije a M, que estaba ahí. La única persona de quien sabía que tenía que despedirme sí o sí. Cuando le dije que me iba empezó el ritual de quejas, "pensaba que vendrías a cenar". Pero cuando dije claramente "me estoy agobiando demasiado", el ritual se detuvo de golpe. Me dijo que de acuerdo, que ya nos veríamos otro día y me dio un abrazo.
Si la gente actuara como M ese día, no haría falta nombrarme loca, enferma, discapacitada.
Otro día hicimos un gráfico de grados de privilegio en distintos ejes. Uno de ellos era, por supuesto, diversidad funcional. No se trata de decir "qué grado de discapacidad tengo", sino "qué grado de privilegio tengo por funcionar de una manera más parecida a la de la mayoría". No me puse el 100%, porque considero que manera de relacionarme con la gente es muy incomprendida.
Me doy cuenta de que me afecta mucho más de lo que pueda parecer. Por ejemplo, cuando conozco a alguien que me parece interesante, suelo asumir que no será capaz de entenderme cuando vea mis rarezas en todo su esplendor. Por mucho que avise de entrada de que no soy muy sociable, es más probable que me discutan que no que se lo crean. Y entiendo que me discutan, he conseguido aprender a fingir estar bien incluso cuando estoy al límite de lo soportable. Tanto, que también he tenido que aprender a decir verbalmente que no estoy bien. Sé que no soy la única. Primero aprendemos a fingir que no sentimos lo que sentimos, luego aprendemos a fingir que sentimos lo que sentimos, tanto penas como alegrías, y entonces las exageramos, porque es la única manera de establecer comunicación emocional.
Pienso mucho en los códigos de conducta y los rituales diarios. Pequeñas rutinas de apariencia espontánea y natural. ¿Qué es la naturalidad? Otro ritual más. Tan común como borrar continuamente los errores que cometo mientras escribo por ser diléxica, palabras escritas al revés, borradas y reescritas para dar una apariencia de lenguaje fluido y natural.
Aprendo los rituales. Buena parte de ellos los aprendo de manera consciente. La mayoría lo hace sin darse cuenta. Saber esto es un universo de diferencia. Me relaciono como una persona "normal" hasta que choco contra una de las fronteras de mi conocimiento. Y entonces alguien se da cuenta, lo veo en su mirada, que me dice "qué es esto que veo en ti y no es lo que debería ser", o "por qué no estás haciendo lo que se supone de debes hacer". No es que haya una respuesta única para cada situación. Hay unas cuantas, pero un número limitado. Cuando sucede esto, en mi cabeza resuena un "mierda", como si me hubieran pillado en fatal error. O engaño. ¿Es engañar fingir ser yo? Es un instante de terror, terror a ante esa persona dejar de ser yo y pasar a ser simplemente "ese bicho raro".
Me asumo loca, rara, enferma. Solo yo, sin sistema médico que dé su aprobación. Me asumo todo eso y más para que nadie más tenga el poder de hacerlo antes.
Y entonces empiezo a darle vueltas a esto de la psiquiatrización. Cómo todo se convierte en un transtorno mental. La necesidad de nombrarlo para que exista. El marcar la línea de lo enfermo y lo sano. La palabra "discapacidad".
"Aunque puede parecer impactante que te digan que has nacido con una discapacidad, la verdad es que saberlo ayudó a que mi familia y mis conocidos entendieran un poco mejor mi manera de relacionarme con los demás. Y dejaran de inquirirme porque no me relacionaba al mismo nivel que mis semejantes."
Nombrar algo que me sucede, llamarlo discapacidad, para que la gente de mi alrededor deje de prentender que sea de una manera distinta a la que soy.
Y entonces recuerdo ese día, hace unos meses. Cuando fui a una charla que me hacía mucha ilusión, y se llenó de gente. Había mucha gente en muy poco espacio. Y yo conocía a muchas de la personas que estaban, así que tenía como cierta obligación de actuar en consecuencia, saludar, sonreír, hablar un poco aquí y allá.
Y se lo dije a M, que estaba ahí. La única persona de quien sabía que tenía que despedirme sí o sí. Cuando le dije que me iba empezó el ritual de quejas, "pensaba que vendrías a cenar". Pero cuando dije claramente "me estoy agobiando demasiado", el ritual se detuvo de golpe. Me dijo que de acuerdo, que ya nos veríamos otro día y me dio un abrazo.
Si la gente actuara como M ese día, no haría falta nombrarme loca, enferma, discapacitada.
Otro día hicimos un gráfico de grados de privilegio en distintos ejes. Uno de ellos era, por supuesto, diversidad funcional. No se trata de decir "qué grado de discapacidad tengo", sino "qué grado de privilegio tengo por funcionar de una manera más parecida a la de la mayoría". No me puse el 100%, porque considero que manera de relacionarme con la gente es muy incomprendida.
Me doy cuenta de que me afecta mucho más de lo que pueda parecer. Por ejemplo, cuando conozco a alguien que me parece interesante, suelo asumir que no será capaz de entenderme cuando vea mis rarezas en todo su esplendor. Por mucho que avise de entrada de que no soy muy sociable, es más probable que me discutan que no que se lo crean. Y entiendo que me discutan, he conseguido aprender a fingir estar bien incluso cuando estoy al límite de lo soportable. Tanto, que también he tenido que aprender a decir verbalmente que no estoy bien. Sé que no soy la única. Primero aprendemos a fingir que no sentimos lo que sentimos, luego aprendemos a fingir que sentimos lo que sentimos, tanto penas como alegrías, y entonces las exageramos, porque es la única manera de establecer comunicación emocional.
Pienso mucho en los códigos de conducta y los rituales diarios. Pequeñas rutinas de apariencia espontánea y natural. ¿Qué es la naturalidad? Otro ritual más. Tan común como borrar continuamente los errores que cometo mientras escribo por ser diléxica, palabras escritas al revés, borradas y reescritas para dar una apariencia de lenguaje fluido y natural.
Aprendo los rituales. Buena parte de ellos los aprendo de manera consciente. La mayoría lo hace sin darse cuenta. Saber esto es un universo de diferencia. Me relaciono como una persona "normal" hasta que choco contra una de las fronteras de mi conocimiento. Y entonces alguien se da cuenta, lo veo en su mirada, que me dice "qué es esto que veo en ti y no es lo que debería ser", o "por qué no estás haciendo lo que se supone de debes hacer". No es que haya una respuesta única para cada situación. Hay unas cuantas, pero un número limitado. Cuando sucede esto, en mi cabeza resuena un "mierda", como si me hubieran pillado en fatal error. O engaño. ¿Es engañar fingir ser yo? Es un instante de terror, terror a ante esa persona dejar de ser yo y pasar a ser simplemente "ese bicho raro".
Me asumo loca, rara, enferma. Solo yo, sin sistema médico que dé su aprobación. Me asumo todo eso y más para que nadie más tenga el poder de hacerlo antes.
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Discriminación,
Frikismo
martes, 23 de septiembre de 2014
23S de 2014
Feliz día de la bisexualidad a quien pase por aquí :D
En golfxs con principios nos cuentas el proyecto de un libro que puede estar muy bien.
Me encanta el concepto de "identidades plurisexuales" para referirse a todas esas personas que no son monosexuales (es decir, que no son ni heterosexuales ni homosexuales). Un día de estos tengo que escribir algo sobre identidades, porque sigo y sigo y sigo dándole vueltas.
Y con un poco de suerte, también hablaré pronto de otros proyectos anti-monosexismo :)
En golfxs con principios nos cuentas el proyecto de un libro que puede estar muy bien.
Me encanta el concepto de "identidades plurisexuales" para referirse a todas esas personas que no son monosexuales (es decir, que no son ni heterosexuales ni homosexuales). Un día de estos tengo que escribir algo sobre identidades, porque sigo y sigo y sigo dándole vueltas.
Y con un poco de suerte, también hablaré pronto de otros proyectos anti-monosexismo :)
miércoles, 3 de septiembre de 2014
Tienes que ser independiente
Cada vez estoy más harta de las teorías que replantean todo el tema del amor romántico sustituyendo el "mi felicidad depende completamente de mi persona amada" por un "mi felicidad depende única y exclusivamente de mí". Esto no es verdad. Las personas dependemos las unas de las otras. Pedirle a alguien que no dependa de nadie es pedirle que sea eternamente infeliz, que se pase la vida intentando algo completamente imposible.
Como el rollo de los libros de autoayuda de "mejora tu autoestima". Como si una pudiera mejorar su autoestima así simplemente por decidirlo. Como si fuéramos burbujas aisladas. "¡Qué gilipollas, pudiendo decidir ser feliz, me dio por decidir no serlo!".
Mi felicidad depende de muchos factores. Por ejemplo, sí, de que me quieran, de que me cuiden, de que me mimen un poco de vez en cuando. No puedo no necesitar todo eso. Tampoco puedo volverme totalmente inmune a la influencia de los mensajes culturales como "por ser mujer vales menos", o "si crees que te gustan las mujeres y los hombres es porque no sabes lo que quieres", o "si no sabes socializar eres un bicho raro y mereces vivir marginada", etc.
En realidad son cosas que sabemos, por eso nos unimos, por eso buscamos personas afines. Pero enseguida nos olvidamos. Nos dicen "tienes que ser más independiente, no puedes poner toda tu felicidad en manos de otra persona". Y volvemos a fustigarnos, "no soy lo bastante independiente, ¡mierda!, no consigo dejar de amar, no consigo dejar de pensar en X, no consigo estar bien sin mimos de otras personas, no consigo estar bien sin que otras personas me digan lo maravillosa que soy, así que hay algo en mí que no está bien, no soy lo bastante feminista, no estoy lo bastante empoderada, no soy LA persona ideal".
Vivo en una sociedad que me enferma. Vivo en una sociedad enferma. No creo que nunca deje de ser una inadaptada, porque no puedo adaptarme a un imposible. Algunas cosas de mí no puedo cambiarlas y algunas otras no quiero cambiarlas. Por ser como soy, necesito mucha ayuda para estar bien. Una de las pocas cosas útiles que he aprendido es a respetar mis límites. Reconocer (ante mí, de entrada) que necesito a otras personas forma parte de ello.
Así que sí, creemos comunidades, busquemos maneras de depender emocionalmente un poco menos de personas individuales (lo de "toda la felicidad depende de mi pareja" es peligroso porque es poner todos los huevos en una sola cesta), busquemos objetivos vitales o cosas que nos guste hacer que no consistan únicamente en estar con otras personas, pero no me pidáis que sea una superhumana capaz de vivir sin nadie más.
Como el rollo de los libros de autoayuda de "mejora tu autoestima". Como si una pudiera mejorar su autoestima así simplemente por decidirlo. Como si fuéramos burbujas aisladas. "¡Qué gilipollas, pudiendo decidir ser feliz, me dio por decidir no serlo!".
Mi felicidad depende de muchos factores. Por ejemplo, sí, de que me quieran, de que me cuiden, de que me mimen un poco de vez en cuando. No puedo no necesitar todo eso. Tampoco puedo volverme totalmente inmune a la influencia de los mensajes culturales como "por ser mujer vales menos", o "si crees que te gustan las mujeres y los hombres es porque no sabes lo que quieres", o "si no sabes socializar eres un bicho raro y mereces vivir marginada", etc.
En realidad son cosas que sabemos, por eso nos unimos, por eso buscamos personas afines. Pero enseguida nos olvidamos. Nos dicen "tienes que ser más independiente, no puedes poner toda tu felicidad en manos de otra persona". Y volvemos a fustigarnos, "no soy lo bastante independiente, ¡mierda!, no consigo dejar de amar, no consigo dejar de pensar en X, no consigo estar bien sin mimos de otras personas, no consigo estar bien sin que otras personas me digan lo maravillosa que soy, así que hay algo en mí que no está bien, no soy lo bastante feminista, no estoy lo bastante empoderada, no soy LA persona ideal".
Vivo en una sociedad que me enferma. Vivo en una sociedad enferma. No creo que nunca deje de ser una inadaptada, porque no puedo adaptarme a un imposible. Algunas cosas de mí no puedo cambiarlas y algunas otras no quiero cambiarlas. Por ser como soy, necesito mucha ayuda para estar bien. Una de las pocas cosas útiles que he aprendido es a respetar mis límites. Reconocer (ante mí, de entrada) que necesito a otras personas forma parte de ello.
Así que sí, creemos comunidades, busquemos maneras de depender emocionalmente un poco menos de personas individuales (lo de "toda la felicidad depende de mi pareja" es peligroso porque es poner todos los huevos en una sola cesta), busquemos objetivos vitales o cosas que nos guste hacer que no consistan únicamente en estar con otras personas, pero no me pidáis que sea una superhumana capaz de vivir sin nadie más.
martes, 1 de julio de 2014
Vulnerabilidad
"pintándome esa expresión que las mujeres aprendemos a poner para convencer al mundo de que somos felices"
Tan necesaria. La posibilidad de enfrentarte al mundo fingiendo fortaleza para tapar la asfixiante vulnerabilidad que sientes.
Estábamos en una charla sobre cuerpos, gordofobia, divergencias corporales, muchos temas reducidos a eso, los cuerpos que se salen de la norma socialmente aceptada. Y cómo eso atraviesa a las mujeres o a las personas que no son hombres cissexuales. No sé ni de dónde salió el tema de la vulnerabilidad. Sentir la vulnerabilidad como un acto político. Racionalmente es una idea que aun se me escapa, pero hay un algo de mí que grita: "eso! es justo eso!"
[Mini spoiler de Juego de tronos] Sam dice "soy un cobarde". No quiere luchar, le da miedo sufrir, le da miedo morir. Y Jack entiende que se necesita un forma extraña de valor para llamarse cobarde a uno mismo. [Fin de los spoilers]
Cuantas veces leí/oí la expresión esa de "quitarme la armadura/coraza que me he ido poniendo con los años". Que suele ir acompañada de una breve de una breve explicación de lo mal que lo ha pasado la persona en cuestión. Leyéndolo una diría que es mejor no tener esa coraza, vivir sin ella. Pero cuando todo va mal necesitas poder fingir que todo va bien, que eres fuerte, con podrás con ello. Mostrar tu mejor sonrisa mientras te vas rompiendo. Aplacar la sensación de insoportabilidad con una gran sonrisa. "A mal tiempo, buena cara".
Si alguna vez reconoces que eres o has sido vulnerable, será cuando sientas seguridad. Sea porque ha pasado el peor momento, sea porque estás en un contexto en el que temporalmente puedes permitírtelo (por ejemplo, si estás con una persona con la que tienes especial confianza). Si cometes el error de mostrarte vulnerable cuando realmente estás (más) vulnerable, lo más fácil es que acabes mucho peor.
Ojalá alguien me lo hubiera contado así cuando era pequeña. Que no se trataba de "quitarse la armadura" sino de "encontrar espacios de seguridad". Y que encontrar esos espacios suele ser bastante más fácil si te proteges emocionalmente con una gran capa de superficialidad. Que no hay "personas con armadura porque lo han pasado muy mal" y "personas sin armadura porque han sido siempre felices", solo hay personas que se protegen la mayor parte del tiempo, porque no existen personas que no hayan sufrido. (Y con esto, estoy muy lejos de querer decir que todo el mundo ha sufrido por igual)
Creo que hablar de vulnerabilidad es político porque permite la creación de esos espacios de seguridad. Espacios donde compartir las penas y los dolores. Espacios en los que hay cuidados mutuos. Y también, espacios a partir de los que se puede dar la vuelta a las cosas, generar resistencias, pensar estrategias de supervivencia colectiva.
Tan necesaria. La posibilidad de enfrentarte al mundo fingiendo fortaleza para tapar la asfixiante vulnerabilidad que sientes.
Estábamos en una charla sobre cuerpos, gordofobia, divergencias corporales, muchos temas reducidos a eso, los cuerpos que se salen de la norma socialmente aceptada. Y cómo eso atraviesa a las mujeres o a las personas que no son hombres cissexuales. No sé ni de dónde salió el tema de la vulnerabilidad. Sentir la vulnerabilidad como un acto político. Racionalmente es una idea que aun se me escapa, pero hay un algo de mí que grita: "eso! es justo eso!"
[Mini spoiler de Juego de tronos] Sam dice "soy un cobarde". No quiere luchar, le da miedo sufrir, le da miedo morir. Y Jack entiende que se necesita un forma extraña de valor para llamarse cobarde a uno mismo. [Fin de los spoilers]
Cuantas veces leí/oí la expresión esa de "quitarme la armadura/coraza que me he ido poniendo con los años". Que suele ir acompañada de una breve de una breve explicación de lo mal que lo ha pasado la persona en cuestión. Leyéndolo una diría que es mejor no tener esa coraza, vivir sin ella. Pero cuando todo va mal necesitas poder fingir que todo va bien, que eres fuerte, con podrás con ello. Mostrar tu mejor sonrisa mientras te vas rompiendo. Aplacar la sensación de insoportabilidad con una gran sonrisa. "A mal tiempo, buena cara".
Si alguna vez reconoces que eres o has sido vulnerable, será cuando sientas seguridad. Sea porque ha pasado el peor momento, sea porque estás en un contexto en el que temporalmente puedes permitírtelo (por ejemplo, si estás con una persona con la que tienes especial confianza). Si cometes el error de mostrarte vulnerable cuando realmente estás (más) vulnerable, lo más fácil es que acabes mucho peor.
Ojalá alguien me lo hubiera contado así cuando era pequeña. Que no se trataba de "quitarse la armadura" sino de "encontrar espacios de seguridad". Y que encontrar esos espacios suele ser bastante más fácil si te proteges emocionalmente con una gran capa de superficialidad. Que no hay "personas con armadura porque lo han pasado muy mal" y "personas sin armadura porque han sido siempre felices", solo hay personas que se protegen la mayor parte del tiempo, porque no existen personas que no hayan sufrido. (Y con esto, estoy muy lejos de querer decir que todo el mundo ha sufrido por igual)
Creo que hablar de vulnerabilidad es político porque permite la creación de esos espacios de seguridad. Espacios donde compartir las penas y los dolores. Espacios en los que hay cuidados mutuos. Y también, espacios a partir de los que se puede dar la vuelta a las cosas, generar resistencias, pensar estrategias de supervivencia colectiva.
lunes, 16 de junio de 2014
Butch
Y ahora imagina a 50 mujeres saltando y cantando a pleno pulmón "soy una butch".
Adoro la música feminista.
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