Me obsesiona el binomio sentir y razonar. Nada nuevo.
Me explico y sobre-explico, razonando lo irracional, pero no sirve. Es esto. Pero las personas no se mueven en un plano racional, sino en uno emocional. De nada sirve que expliques todo, hasta el último detalle, si lo que transmites emocionalmente es otra cosa.
Y lo enlazo con el tema poliamor. Si eres leída como persona "completa", y no como persona necesitada de todas las cosas que teóricamente necesitamos en el mito de la media naranja, serás leída también como persona a quien se puede herir sin problemas porque puede aguantarlo todo. Como si el dolor de una persona segura fuera menos dolor que el de una persona insegura. Como si mis necesidades fueran menos importantes por saber cuáles son y poder explicarlas.
Y lo enlazo con el concepto de no-persona. Es la característica de cualquier grupo oprimido. Cualquier persona de un grupo oprimido es leída como menos persona que una persona del grupo privilegiado. Si se combinan varios tipos de opresión, se acumulan grados de no-persona. De ahí el problema de los derechos humanos, que no pueden ser aplicados sobre seres a los que no se consideran humanos.
Y salto al privilegio de ser sociable. Una persona sociable y una no sociable pueden explicar una misma cosa, por ejemplo un sentimiento nacido de una determinada situación. Jamás serán escuchadas de la misma manera. Cuántas veces otra persona dice justo lo que acabo de decir y a la otra le ríen la gracia y a mí me ignoran...
Hablaba con distintas personas sobre los filtros que ponemos cuando conocemos a gente nueva. Filtros para decidir si esa persona puede ser más importante o menos en tu vida. Para mí, lo principal es conseguir ver si la otra persona me está leyendo y tratando como persona o no. Y es mucho más difícil de lo que pueda parecer descubrirlo.
Y me doy cuenta de que las personas que son como yo, raras (leídas raras por la mayoría de gente), tienen más dificultades en poner los filtros porque es muy difícil encontrar personas que realmente te lean como persona. Nos acostumbramos a que nos traten mal. Y nos acostumbramos a aceptar como gran cosa solo el hecho de que nos miren. Esto significa, también (porque de por sí ya es bastante duro), que es difícil que podamos permitirnos poner otros filtros, tener en cuenta otros aspectos que no sean simplemente ese. (Y esto creo que está directamente relacionado con el hecho de que nuestras probabilidades de ser maltratadas sean mucho más altas, o que caigamos sistemáticamente en amistades/parejas a las que nos dedicamos más de la cuenta y que están desequilibradas y viciadas de inicio)
miércoles, 6 de mayo de 2015
No persona
Etiquetas:
Anarres,
Derechos Humanos,
Poliamor
viernes, 20 de marzo de 2015
yo mi me
Últimamente lloro por todo. Al principio pensaba que igual era una cuestión hormonal temporal, que duraría un par de días y ya. Pero llevo en este plan semanas.
Y no es que esté triste. No es nada triste lo que me pasa. Bueno, es triste la parte que consiste en no poder llorar tranquilamente allí donde esté sin que tenga más importancia. Pero la mayoría de veces no lloro porque esté triste. Es más... sentirlo todo intensamente. A ratos el mundo es tan intenso que solo soporto estar en él a base de lágrimas.
Leer algo que es demasiado bello, o que me toca muy de cerca sin ni siquiera tener claro por qué, un "era esto, justo esto". Y a veces también, rabia, odio, sensación de injusticia insoportable. Y tristeza, claro. Pienso mucho en la expresión "tener el corazón roto" referida a experiencias que no se limitan a la perdida de un amor (romántico).
También pienso mucho en la multicausalidad. Las sensaciones y estados personales que están causadas por varias cosas. Cuando las emociones me desbordan no suele ser tan fácil como decir "la causa de todo es X".
Y pienso sobre el autismo. Y sobre cómo se relaciona conmigo. Y en si tiene algún sentido esta nueva obsesión.
Pienso en cómo ese día me dio un montón de ansiedad sin que pasara realmente "nada", pero en ese lugar en particular, solo con la luz de la calle, pasando una película en un lugar con más gente, con esa sonoridad que me parece que me rebota dentro del pecho... Y veo un patrón común a tantas otras veces en las que he acabado saliendo de la sala porque no sabía por qué, pero me sentía realmente mal. Y pensar, "puedo soportarlo". Y luego, "pero no vale la pena". Y me pregunto cuantas veces he seguido ahí aun estando mal, solo por no dar la nota marchando.
Y de ahí me pongo a pensar en que desde que decidí "cuidarme" no aguanto una mierda. Siempre tengo ganas de marchar. Cuando estoy con más gente, me siento equilibrista, valorando si estoy aguantando de más o si si me voy estoy aguantando demasiado poco porque en realidad no lo necesito. A veces no sé si me voy porque lo necesito o porque quiero dar la nota. Y me riño. Dar la nota voluntariamente está mal. Me digo que por lo menos tengo que avisar. Autocuidados, pero cuidando de lxs demás no pidiendo de más.
Me doy cuenta también de cómo prejuzgo a la gente. A la gran mayoría de gente la pongo en el saco de "personas a las que mejor que no me acerque demasiado porque no van apoder querer entenderme". Incluso en ambientes feministas y/o LGTB+. Cuando alguien que no me conoce empieza a tontear conmigo, asumo que lo hace porque aun no me conoce lo suficiente como para saber que no le intereso. Me he dado cuenta de que esta es la principal razón por la que rechazo el sexo con desconocidxs, no es una cuestión de morbo sino de relación social.
Y ves, aquí vuelvo al autismo. Y pienso en ese artículo en el que hablaban de cómo muchas personas autistas descartan el sexo con otras personas simplemente por evitarse las complicaciones sociales que requiere. Yo estoy justo ahí ahora. Mira que me gusta el sexo, pero es que no compensa, es que es demasiado esfuerzo para volver a quedarme con las ganas siempre.
Pienso también en esa pregunta de ese test. "¿Cual es el mínimo de relaciones sociales que necesitas en un día?". Yo le diría, pues depende. Si el día anterior fue emocionalmente intenso, necesito como MÁXIMO cero o pocas relaciones sociales, y esas pocas, solo con personas muy cercanas. Como mínimo, cero (porque negativo no se puede). Si el día anterior no fue tan intenso, pero fue socialmente activo con varias personas, como máximo, seguir igual, como mínimo, cero. Si llevo tres días seguidos sin ver a nadie, como mínimo, algo de interacción con quien sea, preferiblemente con alguien que no me juzgue si apenas me sale la voz, si pongo caras extrañas o si respondo con monosílabos de entrada. Preferiblemente, pasar un buen rato con personas conocidas, con bajas exigencias sociales, y haciendo algo me permita ejercitar el cerebro (y de aquí mi amor a los juegos de mesa, aunque un debate también sirve, si no es demasiado personal). Si llevo un tiempo largo con relaciones sociales frecuentes pero todas de baja intensidad, es posible que esté sociable y me dé por querer ver a mucha gente, incluida gente desconocida, especialmente en contextos en los que es probable que encuentre a personas interesantes. En estos casos, no tengo máximo (o por lo menos no tan claro), y mi mínimo está claramente por encima de cero, supongo que lo pondría en "mantener una conversación (de más de cinco minutos) con una persona".
En ninguno de los casos para mí tiene sentido considerar como "mínimo" estar rodeada de gente así sin más, más allá de comprobar que aun no ha habido un apocalipsis zombie. Para mí es bastante raro que en la escala de respuestas posibles estén más cerca de ninguna interacción cosas como tener gente alrededor (como en la calle), o mantener breves conversaciones con gente desconocida (como comprando), que una conversación con una persona conocida. Para mí es más difícil tolerar la presencia de gente desconocida (ya no digamos hablar) que hablar con alguien en quien confío. ¿Es raro esto?
D. no entiende por qué la gente que no conoce se pone a contarle su vida. D. no sabe que la cara que pone cuando le hablan lxs desconocidxs es una clara invitación a hablar. O quizá sabe esto, pero no sabe que en esta ciudad nuestra esto es raro. Al final siempre se trata de comparar respecto a la mayoría, ¿no? Cuando me hablan para preguntarme por una dirección, a veces me pongo tan nerviosa que se me olvida donde estoy, y tengo que pasar los primeros segundos calmándome para poder empezar a pensar dónde estoy, para luego poder pensar dónde está el lugar por el que me preguntan. Aunque he mejorado, y me doy cuenta, y ahora consigo responder tranquila y mantener una conversación trivial, y sonreír como se espera de mí. En realidad no es tan difícil cuando te aprendes el guión. Luego suelo quedarme (mientras me alejo andando rápidamente) un buen rato pensando en cómo ha ido, en si lo he hecho bien, en si le resultará útil, en si habré pasado como persona normal. A veces me entran ganas de volver atrás para asegurarme de que la persona en cuestión está bien. Con D. lo hicimos. Si hubiera estado sola, hubiera marchado, preocupada, pero hubiera marchado. Y D. solo no hubiera pensado en volver. Me encanta la gente que sabe ser sociable así de entrada, primero porque suelen ponerme mucho más fáciles las cosas para iniciar la relación (de amistad o del tipo que sea), y luego porque me complementan muy bien. Curiosamente, creo que todas las personas en las que estoy pensando (que son bastantes) luego me han confesado que se consideran tímidas.
No sé si decir que soy poliamorosa es un brindis al sol. Luego la gente me pregunta como si lo dijera en serio. Y lo hago, claro, solo que es como algo que funciona solo dentro de mi cabeza. Cuando pienso así me planteo si no tendría más sentido volver a la monogamia. Pero apenas acaba la pregunta y ya estoy viendo claramente que no, que para mí no tiene sentido. Quizá no tengo ni múltiples ni ninguna relación romántica, pero posicionarme así, como no-monógama, claramente me ha cambiado. Aunque sea una "chorrada" porque no pasará nada, es una gran cosa poder estar enamorada de más de una persona sin sentirme culpable. Y además, mis relaciones no románticas también han cambiado, algunas de ellas haciéndose más cercanas. Yo me he relajado al dejar de sentir que o bien era una persona importante con quien quería tener una relación romántica, o bien era una relación poco importante. Ahora no tengo dudas en considerar importantes a relaciones no románticas.
Lo que sigue sin gustarme es que no he conseguido el tipo de relaciones que me gustarían, en el sentido de los cuidados y del diálogo. Me gustan más las relaciones que tengo ahora, pero sigo sin llegar al punto que me gustaría. Tampoco he montado una comuna. Tampoco sé qué hacer con mi vida. Supongo que no se puede tener todo.
De momento me doy cuenta de que mi principal actividad es dejar de estar en guerra conmigo misma. Ser capaz de pactar creo que es un paso importante. Negociar y llegar a conclusiones útiles.
El punto de conflicto es que sigo pensando que debería ser capaz de hacer todo esto y además tantas otras cosas que no estoy haciendo. Y entonces creo que estoy siendo demasiado tolerante conmigo misma. Y vuelve la guerra.
Y no es que esté triste. No es nada triste lo que me pasa. Bueno, es triste la parte que consiste en no poder llorar tranquilamente allí donde esté sin que tenga más importancia. Pero la mayoría de veces no lloro porque esté triste. Es más... sentirlo todo intensamente. A ratos el mundo es tan intenso que solo soporto estar en él a base de lágrimas.
Leer algo que es demasiado bello, o que me toca muy de cerca sin ni siquiera tener claro por qué, un "era esto, justo esto". Y a veces también, rabia, odio, sensación de injusticia insoportable. Y tristeza, claro. Pienso mucho en la expresión "tener el corazón roto" referida a experiencias que no se limitan a la perdida de un amor (romántico).
También pienso mucho en la multicausalidad. Las sensaciones y estados personales que están causadas por varias cosas. Cuando las emociones me desbordan no suele ser tan fácil como decir "la causa de todo es X".
Y pienso sobre el autismo. Y sobre cómo se relaciona conmigo. Y en si tiene algún sentido esta nueva obsesión.
Pienso en cómo ese día me dio un montón de ansiedad sin que pasara realmente "nada", pero en ese lugar en particular, solo con la luz de la calle, pasando una película en un lugar con más gente, con esa sonoridad que me parece que me rebota dentro del pecho... Y veo un patrón común a tantas otras veces en las que he acabado saliendo de la sala porque no sabía por qué, pero me sentía realmente mal. Y pensar, "puedo soportarlo". Y luego, "pero no vale la pena". Y me pregunto cuantas veces he seguido ahí aun estando mal, solo por no dar la nota marchando.
Y de ahí me pongo a pensar en que desde que decidí "cuidarme" no aguanto una mierda. Siempre tengo ganas de marchar. Cuando estoy con más gente, me siento equilibrista, valorando si estoy aguantando de más o si si me voy estoy aguantando demasiado poco porque en realidad no lo necesito. A veces no sé si me voy porque lo necesito o porque quiero dar la nota. Y me riño. Dar la nota voluntariamente está mal. Me digo que por lo menos tengo que avisar. Autocuidados, pero cuidando de lxs demás no pidiendo de más.
Me doy cuenta también de cómo prejuzgo a la gente. A la gran mayoría de gente la pongo en el saco de "personas a las que mejor que no me acerque demasiado porque no van a
Y ves, aquí vuelvo al autismo. Y pienso en ese artículo en el que hablaban de cómo muchas personas autistas descartan el sexo con otras personas simplemente por evitarse las complicaciones sociales que requiere. Yo estoy justo ahí ahora. Mira que me gusta el sexo, pero es que no compensa, es que es demasiado esfuerzo para volver a quedarme con las ganas siempre.
Pienso también en esa pregunta de ese test. "¿Cual es el mínimo de relaciones sociales que necesitas en un día?". Yo le diría, pues depende. Si el día anterior fue emocionalmente intenso, necesito como MÁXIMO cero o pocas relaciones sociales, y esas pocas, solo con personas muy cercanas. Como mínimo, cero (porque negativo no se puede). Si el día anterior no fue tan intenso, pero fue socialmente activo con varias personas, como máximo, seguir igual, como mínimo, cero. Si llevo tres días seguidos sin ver a nadie, como mínimo, algo de interacción con quien sea, preferiblemente con alguien que no me juzgue si apenas me sale la voz, si pongo caras extrañas o si respondo con monosílabos de entrada. Preferiblemente, pasar un buen rato con personas conocidas, con bajas exigencias sociales, y haciendo algo me permita ejercitar el cerebro (y de aquí mi amor a los juegos de mesa, aunque un debate también sirve, si no es demasiado personal). Si llevo un tiempo largo con relaciones sociales frecuentes pero todas de baja intensidad, es posible que esté sociable y me dé por querer ver a mucha gente, incluida gente desconocida, especialmente en contextos en los que es probable que encuentre a personas interesantes. En estos casos, no tengo máximo (o por lo menos no tan claro), y mi mínimo está claramente por encima de cero, supongo que lo pondría en "mantener una conversación (de más de cinco minutos) con una persona".
En ninguno de los casos para mí tiene sentido considerar como "mínimo" estar rodeada de gente así sin más, más allá de comprobar que aun no ha habido un apocalipsis zombie. Para mí es bastante raro que en la escala de respuestas posibles estén más cerca de ninguna interacción cosas como tener gente alrededor (como en la calle), o mantener breves conversaciones con gente desconocida (como comprando), que una conversación con una persona conocida. Para mí es más difícil tolerar la presencia de gente desconocida (ya no digamos hablar) que hablar con alguien en quien confío. ¿Es raro esto?
D. no entiende por qué la gente que no conoce se pone a contarle su vida. D. no sabe que la cara que pone cuando le hablan lxs desconocidxs es una clara invitación a hablar. O quizá sabe esto, pero no sabe que en esta ciudad nuestra esto es raro. Al final siempre se trata de comparar respecto a la mayoría, ¿no? Cuando me hablan para preguntarme por una dirección, a veces me pongo tan nerviosa que se me olvida donde estoy, y tengo que pasar los primeros segundos calmándome para poder empezar a pensar dónde estoy, para luego poder pensar dónde está el lugar por el que me preguntan. Aunque he mejorado, y me doy cuenta, y ahora consigo responder tranquila y mantener una conversación trivial, y sonreír como se espera de mí. En realidad no es tan difícil cuando te aprendes el guión. Luego suelo quedarme (mientras me alejo andando rápidamente) un buen rato pensando en cómo ha ido, en si lo he hecho bien, en si le resultará útil, en si habré pasado como persona normal. A veces me entran ganas de volver atrás para asegurarme de que la persona en cuestión está bien. Con D. lo hicimos. Si hubiera estado sola, hubiera marchado, preocupada, pero hubiera marchado. Y D. solo no hubiera pensado en volver. Me encanta la gente que sabe ser sociable así de entrada, primero porque suelen ponerme mucho más fáciles las cosas para iniciar la relación (de amistad o del tipo que sea), y luego porque me complementan muy bien. Curiosamente, creo que todas las personas en las que estoy pensando (que son bastantes) luego me han confesado que se consideran tímidas.
No sé si decir que soy poliamorosa es un brindis al sol. Luego la gente me pregunta como si lo dijera en serio. Y lo hago, claro, solo que es como algo que funciona solo dentro de mi cabeza. Cuando pienso así me planteo si no tendría más sentido volver a la monogamia. Pero apenas acaba la pregunta y ya estoy viendo claramente que no, que para mí no tiene sentido. Quizá no tengo ni múltiples ni ninguna relación romántica, pero posicionarme así, como no-monógama, claramente me ha cambiado. Aunque sea una "chorrada" porque no pasará nada, es una gran cosa poder estar enamorada de más de una persona sin sentirme culpable. Y además, mis relaciones no románticas también han cambiado, algunas de ellas haciéndose más cercanas. Yo me he relajado al dejar de sentir que o bien era una persona importante con quien quería tener una relación romántica, o bien era una relación poco importante. Ahora no tengo dudas en considerar importantes a relaciones no románticas.
Lo que sigue sin gustarme es que no he conseguido el tipo de relaciones que me gustarían, en el sentido de los cuidados y del diálogo. Me gustan más las relaciones que tengo ahora, pero sigo sin llegar al punto que me gustaría. Tampoco he montado una comuna. Tampoco sé qué hacer con mi vida. Supongo que no se puede tener todo.
De momento me doy cuenta de que mi principal actividad es dejar de estar en guerra conmigo misma. Ser capaz de pactar creo que es un paso importante. Negociar y llegar a conclusiones útiles.
El punto de conflicto es que sigo pensando que debería ser capaz de hacer todo esto y además tantas otras cosas que no estoy haciendo. Y entonces creo que estoy siendo demasiado tolerante conmigo misma. Y vuelve la guerra.
martes, 10 de marzo de 2015
Miedo
Desde que volví, muchas personas me han preguntado por Nicaragua, que qué tal me fue, que si me gustó, que si hacía mucho calor... Hace poco una, después de una de mis primeras respuestas vagas, me preguntó si había sido muy duro. Respondí alguna tontería, pero lo cierto es que sí.
Suelo decir que bueno, que no es para tanto, que total, entre los países de la zona es de los más tranquilitos. Pero luego recuerdo a Y. y esa mirada llena de miedo. Y se me hace un nudo en la garganta y recuerdo perfectamente porqué continuamente tenía ganas de volver a mi Barcelona. Ese miedo era insoportable (y sí, en otros lugares seguro que es mucho peor).
Creo que uno de los mayores privilegios con los que vivo es solo sentir ese miedo a sufrir violencia física extrema de manera puntual. He convivido con otros miedos toda mi vida, pero este es mucho peor. Viviendo en Barcelona, "solo" lo he sentido algunas noches volviendo a casa, o esa única ocasión en la que me atracaron, y quizá en algunas otras ocasiones. Pero no es algo constante. Ni es tan social. Algo de lo que se habla continuamente.
Los periódicos son básicamente sucesos. Los mismos taxistas te hablan de cómo en otros taxis te atracarían. Las conversaciones de la gente a menudo incluyen explicaciones de las cosas que pueden pasarte y de la prudencia que deberías tener. De una u otra manera, es difícil dejar de pensar en ello. En Barcelona tenemos una falsa sensación de seguridad (salvo en momentos en que hay alguna noticia que causa cierta alarma), en Managua la sensación es la opuesta. Y se nota en toda la ciudad, empezando por su construcción, con sus condominios y sus mansiones con guardas.
Cuando volví estaba eufórica, me duró días. Pero luego el miedo volvió. Miedo a finalmente conseguir que haya una revolución, que tenga éxito, y que lo que venga después sea peor en muchos sentidos.
Suelo decir que bueno, que no es para tanto, que total, entre los países de la zona es de los más tranquilitos. Pero luego recuerdo a Y. y esa mirada llena de miedo. Y se me hace un nudo en la garganta y recuerdo perfectamente porqué continuamente tenía ganas de volver a mi Barcelona. Ese miedo era insoportable (y sí, en otros lugares seguro que es mucho peor).
Creo que uno de los mayores privilegios con los que vivo es solo sentir ese miedo a sufrir violencia física extrema de manera puntual. He convivido con otros miedos toda mi vida, pero este es mucho peor. Viviendo en Barcelona, "solo" lo he sentido algunas noches volviendo a casa, o esa única ocasión en la que me atracaron, y quizá en algunas otras ocasiones. Pero no es algo constante. Ni es tan social. Algo de lo que se habla continuamente.
Los periódicos son básicamente sucesos. Los mismos taxistas te hablan de cómo en otros taxis te atracarían. Las conversaciones de la gente a menudo incluyen explicaciones de las cosas que pueden pasarte y de la prudencia que deberías tener. De una u otra manera, es difícil dejar de pensar en ello. En Barcelona tenemos una falsa sensación de seguridad (salvo en momentos en que hay alguna noticia que causa cierta alarma), en Managua la sensación es la opuesta. Y se nota en toda la ciudad, empezando por su construcción, con sus condominios y sus mansiones con guardas.
Cuando volví estaba eufórica, me duró días. Pero luego el miedo volvió. Miedo a finalmente conseguir que haya una revolución, que tenga éxito, y que lo que venga después sea peor en muchos sentidos.
domingo, 1 de marzo de 2015
Nada nuevo
De vuelta a Barcelona.
Mi vida es un privilegio de increíbles proporciones. Mi vida es un lujo. Y esta vez ni siquiera lo escribo con culpa.
Quiero una comuna. No sé cómo, pero la quiero, y la quiero ya. (Aunque quizá primero debería aclararme con qué quiero decir con esto)
Quiero niñxs en mi vida. Quiero una familia, un clan. Un grupo de personas a quien cuidar y que me cuiden. Quiero una red de afectos y cuidados que sea real y tangible.
Necesito estimulación intelectual. Creo que es el más inquietante de mis decubrimientos. Si no supiera que es imposible, creería que puedo morir de aburrimiento literalmente.
Quiero una vida sostenible. También a nivel energético. Y económico.
No sé si todo lo anterior es compatible.
Mi vida es un privilegio de increíbles proporciones. Mi vida es un lujo. Y esta vez ni siquiera lo escribo con culpa.
Quiero una comuna. No sé cómo, pero la quiero, y la quiero ya. (Aunque quizá primero debería aclararme con qué quiero decir con esto)
Quiero niñxs en mi vida. Quiero una familia, un clan. Un grupo de personas a quien cuidar y que me cuiden. Quiero una red de afectos y cuidados que sea real y tangible.
Necesito estimulación intelectual. Creo que es el más inquietante de mis decubrimientos. Si no supiera que es imposible, creería que puedo morir de aburrimiento literalmente.
Quiero una vida sostenible. También a nivel energético. Y económico.
No sé si todo lo anterior es compatible.
martes, 3 de febrero de 2015
De necesidades y revisiones
¿Qué hacer con la necesidad? Revisamos muchos conceptos en nuestras vidas, revisamos el amor, las relaciones humanas en general, el "no es no", los límites, el consentimiento, los prejuicios, las estructuras de poder, cada una de las diferencias humanas. Lo revisamos todo y nos encontramos con una gran sopa de ideas con las que intentamos montar algo con sentido.
Cada vez que miro internet, la mismas páginas que solía abrir, me choca la cantidad de temas sexuales. A veces tengo la impresión que es lo único de lo que se habla. Leo una entrevista, interesante en muchos sentidos, que pone al mismo nivel la necesidad de comer y la necesidad de sexo. Me escandalizo por momentos. Quien opina así, ¿conoce de las hambrunas que hay en el mundo? Puede que sí, puede que aun conociéndolas le parezca que está al mismo nivel. Pero a mí se me revuelven las tripas y se me revuelve el cerebro con esa comparación. ¿Debería revisarme también por esto o está bien que no me guste?
¿Qué hacer con la necesidad? ¿Qué hacer con la necesidad de afecto? He escrito sobre esto tantas veces ya... Sigo pensando en ello. La teoría del poliamor está muy bien y suena genial. Y yo quiero eso, y más. Yo quiero todo. Quiero no sentir este deseo que parece insuperable por momentos y que me bloquea entera. Me bloquea las palabras, el pensamiento, el sentir de cualquier otra cosa. Quiero no enamorarme o hacerlo de otra manera. Quiero que me baste con lo que reciba, aunque sea poco. Pero no funciona solo con pensarlo, solo con racionalmente llegar a la conclusión de que sería mejor, no va así.
Extrapolo este sentir mío a otras personas en situación de necesidad afectiva. Que son más o menos, todas las personas que viven en el margen. Cada una con sus particularidades.
Luego pienso en el bulling y otras forma de presión social excluyente, algunas de ellas con violencia física incluida. Y pienso en nuestra super solución para arreglar los problemas del mundo, hablar hablar y hablar. Y lo mezclo también con mi experiencia con criaturas varias, y el ideal de una educación con perfecta paz, harmonía, buenos sentimientos y valores feministas.
Creo que el feminismo que me gusta se olvida sistemáticamente de las criaturas. Habla de adultismo, pero lo practica mientras lo hace.
Igual que se olvida de la pobreza, incluso mientras la sufre. Como si no fuera con nosotrxs, como si la exclusión por pobreza no fuera una realidad. Las personas que mueren de hambre ¿necesitan el sexo tanto como la comida? ¿Necesitan el afecto tanto como la comida? Me da la impresión que necesitan afecto, pero no tanto el sexo. Quizá soy yo que soy rara, lo asumo, es así, no soy una muestra representativa de la sociedad. He llegado a desear el contacto sexual con otra persona hasta el punto de sentir dolor físico, pero sigo pensando que el afecto y la comida son más importantes.
Leo sobre adicciones, leo con sorpresa una noticia en la que quien escribe se sorprende de descubrir que las adicciones tienen una componente emocional importante, que dependen de su situación personal. Lo que me sorprende es su sorpresa, ¿no es evidente esta conclusión? Me pasa a menudo, asumo que todo el mundo sabe lo que yo sé, pero no. Igual que yo no sé tantas cosas. La gente no suele tomarse bien cuando me sorprendo de que no sepan las cosas, y yo lo siento, no es con mala fe.
Las adicciones se superan mucho mejor con una buena situación personal y emocional. Bien, pero, ¿cómo llegamos a ella? ¿Nos dedicamos a "rescatar" a la gente? Eso no nos gustaba, porque es paternalista y el paternalismo no nos gusta. Es como lo de la pobreza, con 50 euros no voy a arreglar nada, y yo también estoy (teóricamente) por debajo del humbral de la pobreza, así que no hago nada. Hay tanta gente con tantas carencias afectivas que ¿cómo cubrir las necesidades de todas? Y más ¿cómo voy a hacerlo yo que también tengo grans problemas de carencias afectivas?
Yo no hubiera hecho nada con mi vida si no me hubieran ayudado, sería una sombra en vida o habría muerto. Cuando hablamos de dependencias y de capacidades siempre lo tengo presente. Yo también me siento discapacitada, solo que no de manera visible. Cada vez que veo a alguien hablando del tema "diversidad funcional" en parte me siento aludida, aunque a la vez me doy cuenta de que la persona que habla no me incluye en ese grupo. Es uno de mis cortocircuitos mentales cuando me muevo por el mundo, especialmente en espacios feministas. En cuanto a leído mujer, y a menudo, leída lesbiana, tengo un espacio para mí, pero luego se espera que me comporte de manera sociable. O quizá no se espera, pero lo siento así. ¿Cómo evitar eso? ¿Cómo hacer que todas las personas, con sus infinitas variaciones, se sientan aceptadas e incluídas?
En temas de poliamor, consentimiento y feminismo en general se dice eso de "pregunta". Yo pregunto mucho, pero entonces la gente se me queda extrañada. Me dicen que por qué pregunto tanto. Supongo que pregunto cosas evidentes, pero es que para mí no son evidentes. Pensaba, por ejemplo, en que cada vez que llegue el momento de "darse dos besos" debería preguntar. Y luego he pensado que nadie lo va a entender. O muy pocas personas. Y me pregunto qué sentido tiene que yo, que tengo inmensos problemas de sentir rechazo social, haga lo que para mí es un esfuerzo titánico como preguntar verbalmente algo que me parece tan intimo o tan contrario a las normas sociales, sabiendo que lo que más encontraré será rechazo. Y sin embargo, muchas personas dan dos besos sin querer hacerlo, sintiendo rechazo hacia el contacto físico a cualquier nivel. La única razón por la que lo haría es porque creo que soy de las pocas personas que se dan cuenta de ello.
Hay personas que sienten rechazo hacia cualquier contacto físico, y hay personas que si no son abrazadas y tocadas continuamente no se sienten acogidas. La única solución es preguntar, pero preguntar genera agotamiento, y a algunas personas, nos cuesta especialmente hacerlo. También a algunas nos cuesta más que a otras contestar cuando nos preguntan algo. ¿Cuantas veces debo haber sentido durante un instante que me iba a estallar la cabeza después de recibir una pregunta? Y me quedo callada durante un momento (antes solía ser bastante más tiempo), para poder gestionar mi agobio por una parte, y para poder ordenarme las ideas por otra (el problema es que me aparecen demasiadas posibles respuestas y no puedo darlas todas a la vez). Yo necesito recibir paciencia y ver muestras claras de interés en la otra persona para poder sentirme a gusto, y sin embargo, hay gente muy impaciente. A veces yo también lo soy. A veces pedirle a mi cabeza que deje de correr tanto para darle tiempo a hablar a otra persona, mientras me concentro para no dejar de prestarle atención ( y especialmente, que no note que mi cabeza quiere irse divagar sobre otros asuntos que no le incluyen), a veces me parece un esfuerzo sobrehumano. ¿Cómo se combinan ambas necesidades? Incluso en un mundo ideal sería difícil. En este, totalmente imposible.
Creo que el feminismo que me gusta a veces se pasa de optimista. Lo queremos todo y lo queremos ya. Así que por una parte pretendemos acabar con las normas sociales y por otra intentamos que todas las personas se sientan incluidas sin darles unas referencias (normas sociales) de guía. Lo que resulta es que se dan consignas que se van difundiendo hasta que aparecen ("se crean colectivamente") otras supuestamente mejores y se intenta que reemplacen o complementen las anteriores.
Un lío.
Y además, un lío que se da dentro de un sector de la población minúsculo.
Volviendo al principio. Más o menos todas las filosofías de no-monogamia con principios incluye un punto de partida que es una red afectiva. Se supone que es la garantía para aguantar todo el resto. Esas redes afectivas son las que se supone que compensan esa necesidad de que hablo, se supone que cubren la necesidad de afecto e incluso quizás otras, como la económica o la sexual.
El tema es... ¿quien forma parte de esas redes afectivas? En las representaciones que he encontrado hay básicamente cuerpos normativos, a menudo con bastante dinero. A veces son cuerpos con cierta disidencia de género, a veces son no blancos, pero poco más. Si las redes afectivas son, a efectos prácticos, un grupo de amigxs, creo que no se está cumpliendo el objetivo de acabar con la exclusión.
(Voy a publicarlo tal cual, aunque seguramente requiere bastante revisión y también me gustaría incluir algunos enlaces, pero ahora no tengo tiempo y no sé cuanto tardaré en tener tiempo y ganas de hacerlo)
Cada vez que miro internet, la mismas páginas que solía abrir, me choca la cantidad de temas sexuales. A veces tengo la impresión que es lo único de lo que se habla. Leo una entrevista, interesante en muchos sentidos, que pone al mismo nivel la necesidad de comer y la necesidad de sexo. Me escandalizo por momentos. Quien opina así, ¿conoce de las hambrunas que hay en el mundo? Puede que sí, puede que aun conociéndolas le parezca que está al mismo nivel. Pero a mí se me revuelven las tripas y se me revuelve el cerebro con esa comparación. ¿Debería revisarme también por esto o está bien que no me guste?
¿Qué hacer con la necesidad? ¿Qué hacer con la necesidad de afecto? He escrito sobre esto tantas veces ya... Sigo pensando en ello. La teoría del poliamor está muy bien y suena genial. Y yo quiero eso, y más. Yo quiero todo. Quiero no sentir este deseo que parece insuperable por momentos y que me bloquea entera. Me bloquea las palabras, el pensamiento, el sentir de cualquier otra cosa. Quiero no enamorarme o hacerlo de otra manera. Quiero que me baste con lo que reciba, aunque sea poco. Pero no funciona solo con pensarlo, solo con racionalmente llegar a la conclusión de que sería mejor, no va así.
Extrapolo este sentir mío a otras personas en situación de necesidad afectiva. Que son más o menos, todas las personas que viven en el margen. Cada una con sus particularidades.
Luego pienso en el bulling y otras forma de presión social excluyente, algunas de ellas con violencia física incluida. Y pienso en nuestra super solución para arreglar los problemas del mundo, hablar hablar y hablar. Y lo mezclo también con mi experiencia con criaturas varias, y el ideal de una educación con perfecta paz, harmonía, buenos sentimientos y valores feministas.
Creo que el feminismo que me gusta se olvida sistemáticamente de las criaturas. Habla de adultismo, pero lo practica mientras lo hace.
Igual que se olvida de la pobreza, incluso mientras la sufre. Como si no fuera con nosotrxs, como si la exclusión por pobreza no fuera una realidad. Las personas que mueren de hambre ¿necesitan el sexo tanto como la comida? ¿Necesitan el afecto tanto como la comida? Me da la impresión que necesitan afecto, pero no tanto el sexo. Quizá soy yo que soy rara, lo asumo, es así, no soy una muestra representativa de la sociedad. He llegado a desear el contacto sexual con otra persona hasta el punto de sentir dolor físico, pero sigo pensando que el afecto y la comida son más importantes.
Leo sobre adicciones, leo con sorpresa una noticia en la que quien escribe se sorprende de descubrir que las adicciones tienen una componente emocional importante, que dependen de su situación personal. Lo que me sorprende es su sorpresa, ¿no es evidente esta conclusión? Me pasa a menudo, asumo que todo el mundo sabe lo que yo sé, pero no. Igual que yo no sé tantas cosas. La gente no suele tomarse bien cuando me sorprendo de que no sepan las cosas, y yo lo siento, no es con mala fe.
Las adicciones se superan mucho mejor con una buena situación personal y emocional. Bien, pero, ¿cómo llegamos a ella? ¿Nos dedicamos a "rescatar" a la gente? Eso no nos gustaba, porque es paternalista y el paternalismo no nos gusta. Es como lo de la pobreza, con 50 euros no voy a arreglar nada, y yo también estoy (teóricamente) por debajo del humbral de la pobreza, así que no hago nada. Hay tanta gente con tantas carencias afectivas que ¿cómo cubrir las necesidades de todas? Y más ¿cómo voy a hacerlo yo que también tengo grans problemas de carencias afectivas?
Yo no hubiera hecho nada con mi vida si no me hubieran ayudado, sería una sombra en vida o habría muerto. Cuando hablamos de dependencias y de capacidades siempre lo tengo presente. Yo también me siento discapacitada, solo que no de manera visible. Cada vez que veo a alguien hablando del tema "diversidad funcional" en parte me siento aludida, aunque a la vez me doy cuenta de que la persona que habla no me incluye en ese grupo. Es uno de mis cortocircuitos mentales cuando me muevo por el mundo, especialmente en espacios feministas. En cuanto a leído mujer, y a menudo, leída lesbiana, tengo un espacio para mí, pero luego se espera que me comporte de manera sociable. O quizá no se espera, pero lo siento así. ¿Cómo evitar eso? ¿Cómo hacer que todas las personas, con sus infinitas variaciones, se sientan aceptadas e incluídas?
En temas de poliamor, consentimiento y feminismo en general se dice eso de "pregunta". Yo pregunto mucho, pero entonces la gente se me queda extrañada. Me dicen que por qué pregunto tanto. Supongo que pregunto cosas evidentes, pero es que para mí no son evidentes. Pensaba, por ejemplo, en que cada vez que llegue el momento de "darse dos besos" debería preguntar. Y luego he pensado que nadie lo va a entender. O muy pocas personas. Y me pregunto qué sentido tiene que yo, que tengo inmensos problemas de sentir rechazo social, haga lo que para mí es un esfuerzo titánico como preguntar verbalmente algo que me parece tan intimo o tan contrario a las normas sociales, sabiendo que lo que más encontraré será rechazo. Y sin embargo, muchas personas dan dos besos sin querer hacerlo, sintiendo rechazo hacia el contacto físico a cualquier nivel. La única razón por la que lo haría es porque creo que soy de las pocas personas que se dan cuenta de ello.
Hay personas que sienten rechazo hacia cualquier contacto físico, y hay personas que si no son abrazadas y tocadas continuamente no se sienten acogidas. La única solución es preguntar, pero preguntar genera agotamiento, y a algunas personas, nos cuesta especialmente hacerlo. También a algunas nos cuesta más que a otras contestar cuando nos preguntan algo. ¿Cuantas veces debo haber sentido durante un instante que me iba a estallar la cabeza después de recibir una pregunta? Y me quedo callada durante un momento (antes solía ser bastante más tiempo), para poder gestionar mi agobio por una parte, y para poder ordenarme las ideas por otra (el problema es que me aparecen demasiadas posibles respuestas y no puedo darlas todas a la vez). Yo necesito recibir paciencia y ver muestras claras de interés en la otra persona para poder sentirme a gusto, y sin embargo, hay gente muy impaciente. A veces yo también lo soy. A veces pedirle a mi cabeza que deje de correr tanto para darle tiempo a hablar a otra persona, mientras me concentro para no dejar de prestarle atención ( y especialmente, que no note que mi cabeza quiere irse divagar sobre otros asuntos que no le incluyen), a veces me parece un esfuerzo sobrehumano. ¿Cómo se combinan ambas necesidades? Incluso en un mundo ideal sería difícil. En este, totalmente imposible.
Creo que el feminismo que me gusta a veces se pasa de optimista. Lo queremos todo y lo queremos ya. Así que por una parte pretendemos acabar con las normas sociales y por otra intentamos que todas las personas se sientan incluidas sin darles unas referencias (normas sociales) de guía. Lo que resulta es que se dan consignas que se van difundiendo hasta que aparecen ("se crean colectivamente") otras supuestamente mejores y se intenta que reemplacen o complementen las anteriores.
Un lío.
Y además, un lío que se da dentro de un sector de la población minúsculo.
Volviendo al principio. Más o menos todas las filosofías de no-monogamia con principios incluye un punto de partida que es una red afectiva. Se supone que es la garantía para aguantar todo el resto. Esas redes afectivas son las que se supone que compensan esa necesidad de que hablo, se supone que cubren la necesidad de afecto e incluso quizás otras, como la económica o la sexual.
El tema es... ¿quien forma parte de esas redes afectivas? En las representaciones que he encontrado hay básicamente cuerpos normativos, a menudo con bastante dinero. A veces son cuerpos con cierta disidencia de género, a veces son no blancos, pero poco más. Si las redes afectivas son, a efectos prácticos, un grupo de amigxs, creo que no se está cumpliendo el objetivo de acabar con la exclusión.
(Voy a publicarlo tal cual, aunque seguramente requiere bastante revisión y también me gustaría incluir algunos enlaces, pero ahora no tengo tiempo y no sé cuanto tardaré en tener tiempo y ganas de hacerlo)
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jueves, 22 de enero de 2015
Ansiedad social
Ayer la bombona de gas se terminó. El sistema que tenemos en casa no consiste en tener varias bombonas de repuesto y cambiarlas por nuevas cuando es conveniente, sino que solo hay una bombona y cuando se termina hay que llamar (por teléfono) para que traigan otra. La parte buena es que el servicio es muy rápido, en menos de media hora tienes una bombona llena. Pero para mí tiene una dificultad muy seria: la necesidad de llamar.
Luego por la tarde el plan era quedar en un bar con otras personas. Personas a las que yo no conocía, pero que mi hermana quería presentarme. En principio, parecía que ella vendría a buscarnos (a mí y a mis sobrinos) para ir hasta allí, pero luego vio que no le daba tiempo, así que contactó con un taxista para que nos viniera a buscar. Es decir, hizo buena parte del trabajo más difícil para mí, contactó con estas personas y concertó la cita (varias llamadas para ello), y llamó también al taxista para que viniera. Y aun así, una parte de mí temblaba pensando que yo no sería capaz de hacer la parte restante, subir al taxi con mis sobrinos e ir hasta allí. Simplemente porque era ir a ver personas desconocidas en un país desconocido, subiendo en un taxi con un taxista que seguramente esperaría de mí que le acabara de dar indicaciones sobre la dirección y con quien (¡horror!) se supone que yo debía negociar el precio antes de salir. Esto último no llegué a hacerlo, pero por lo menos llegamos donde teníamos que llegar y hablé con quien tenía que hablar.
Ansiedad social. Ayer fue un día muy tenso. Como lo han sido muchos desde que llegué. Estamos en una casa que parece que estuvo vacía bastante tiempo, y aunque en general está bien, le van saliendo cosillas que hay que reparar. Y me toca buena parte de la función de supervisión. Cuando tengo a la gente físicamente delante lo llevo bastante bien. Salvo los momentos en que intentan ligar conmigo, que no sé cómo reaccionar, pero tampoco son todos. Podría ser mucho peor. Lo que llevo peor es que la gente que viene a arreglar cosas a menudo es gente que no sabe donde está la casa, y aquí las direcciones no son fáciles de dar. Desde el lugar X (conocido por todo el mundo en esta ciudad), 4 cuadras al este, luego una al norte, verá que hay el lugar Y, y de ahí, 3 casas a la izquierda, hasta que vea un portón metálico rojo. A lo que te preguntan, pero entonces, ¿está al lado del lugar Z, delante de la casa de la señora W? Y claro, no basta dar la dirección una vez. Suelen llamar justo antes de llegar para acabar de pedir indicaciones. Llamar, sí, por teléfono. La mayoría de gente no suele entenderlo, pero para mí, solo el sonido del teléfono ya me pone en alerta, como si fuera el aviso de un terrible peligro. Aunque Nicaragua tiene algunas ventajas en esto, aquí la costumbre de hablar con completos desconocidos es tan común que la gente no se pone nerviosa al hacerlo, hablan con naturalidad (signifique lo que signifique eso), y eso facilita que pueda disimular un poco mejor mis nervios, porque no tengo la sensación de que me estén estudiando con tanta atención como en Barcelona.
Después de 29 años (casi 30) luchando contra la ansiedad social, puedo decir que no es algo que yo haya elegido. Si de repente, por arte de magia, pudiera hacer que "se me pasara", por supuesto lo elegiría, y llamaría por teléfono felizmente, y conocería a toda esa gente interesante a la que siempre he querido conocer, y ligaría un montón. Pero especialmente, si me encontrara con una persona con ansiedad social no le pediría que lo supere. Como si fuera una elección de esa persona. Tampoco la forzaría a llamar por teléfono con argumentos como, "yo ya he llamado muchas veces, ahora te toca a ti" (como si fuera lo mismo para ambas). Si estando en una reunión social, viera que está entrando en pánico, tendría paciencia con ella, trataría de escuchar qué es lo que cree que más le conviene en ese momento, y no la juzgaría ni la miraría como a un bicho raro, no le dedicaría mi cara de "¿qué está mal contigo?". Si viera que no liga, no asumiría directamente que es una monja o que el sexo no le interesa, como si el deseo fuera lo único que importa. Intentaría ser clara con mis intenciones, intentaría decir con palabras qué es lo que espero de nuestra relación, intentaría poner en palabras las normas no escritas. O por lo menos, haría eso, si esa persona me indicara que su ansiedad social tiene orígenes parecidos a la que tiene la mía ahora. Y por supuesto, intentaría valorizarla como merece, tanto dentro de mi cabeza, como en mis actos al relacionarme con ella.
Luego por la tarde el plan era quedar en un bar con otras personas. Personas a las que yo no conocía, pero que mi hermana quería presentarme. En principio, parecía que ella vendría a buscarnos (a mí y a mis sobrinos) para ir hasta allí, pero luego vio que no le daba tiempo, así que contactó con un taxista para que nos viniera a buscar. Es decir, hizo buena parte del trabajo más difícil para mí, contactó con estas personas y concertó la cita (varias llamadas para ello), y llamó también al taxista para que viniera. Y aun así, una parte de mí temblaba pensando que yo no sería capaz de hacer la parte restante, subir al taxi con mis sobrinos e ir hasta allí. Simplemente porque era ir a ver personas desconocidas en un país desconocido, subiendo en un taxi con un taxista que seguramente esperaría de mí que le acabara de dar indicaciones sobre la dirección y con quien (¡horror!) se supone que yo debía negociar el precio antes de salir. Esto último no llegué a hacerlo, pero por lo menos llegamos donde teníamos que llegar y hablé con quien tenía que hablar.
Ansiedad social. Ayer fue un día muy tenso. Como lo han sido muchos desde que llegué. Estamos en una casa que parece que estuvo vacía bastante tiempo, y aunque en general está bien, le van saliendo cosillas que hay que reparar. Y me toca buena parte de la función de supervisión. Cuando tengo a la gente físicamente delante lo llevo bastante bien. Salvo los momentos en que intentan ligar conmigo, que no sé cómo reaccionar, pero tampoco son todos. Podría ser mucho peor. Lo que llevo peor es que la gente que viene a arreglar cosas a menudo es gente que no sabe donde está la casa, y aquí las direcciones no son fáciles de dar. Desde el lugar X (conocido por todo el mundo en esta ciudad), 4 cuadras al este, luego una al norte, verá que hay el lugar Y, y de ahí, 3 casas a la izquierda, hasta que vea un portón metálico rojo. A lo que te preguntan, pero entonces, ¿está al lado del lugar Z, delante de la casa de la señora W? Y claro, no basta dar la dirección una vez. Suelen llamar justo antes de llegar para acabar de pedir indicaciones. Llamar, sí, por teléfono. La mayoría de gente no suele entenderlo, pero para mí, solo el sonido del teléfono ya me pone en alerta, como si fuera el aviso de un terrible peligro. Aunque Nicaragua tiene algunas ventajas en esto, aquí la costumbre de hablar con completos desconocidos es tan común que la gente no se pone nerviosa al hacerlo, hablan con naturalidad (signifique lo que signifique eso), y eso facilita que pueda disimular un poco mejor mis nervios, porque no tengo la sensación de que me estén estudiando con tanta atención como en Barcelona.
Después de 29 años (casi 30) luchando contra la ansiedad social, puedo decir que no es algo que yo haya elegido. Si de repente, por arte de magia, pudiera hacer que "se me pasara", por supuesto lo elegiría, y llamaría por teléfono felizmente, y conocería a toda esa gente interesante a la que siempre he querido conocer, y ligaría un montón. Pero especialmente, si me encontrara con una persona con ansiedad social no le pediría que lo supere. Como si fuera una elección de esa persona. Tampoco la forzaría a llamar por teléfono con argumentos como, "yo ya he llamado muchas veces, ahora te toca a ti" (como si fuera lo mismo para ambas). Si estando en una reunión social, viera que está entrando en pánico, tendría paciencia con ella, trataría de escuchar qué es lo que cree que más le conviene en ese momento, y no la juzgaría ni la miraría como a un bicho raro, no le dedicaría mi cara de "¿qué está mal contigo?". Si viera que no liga, no asumiría directamente que es una monja o que el sexo no le interesa, como si el deseo fuera lo único que importa. Intentaría ser clara con mis intenciones, intentaría decir con palabras qué es lo que espero de nuestra relación, intentaría poner en palabras las normas no escritas. O por lo menos, haría eso, si esa persona me indicara que su ansiedad social tiene orígenes parecidos a la que tiene la mía ahora. Y por supuesto, intentaría valorizarla como merece, tanto dentro de mi cabeza, como en mis actos al relacionarme con ella.
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domingo, 18 de enero de 2015
Nicaragua
Nicaragua. Cruzar el charco solo para que la realidad que ya conocía me bofetee. Sabiendo que será así. Ver los privilegios tal cual. Sí, yo tengo los casi 800 euros que costó el billete. Sí, los tengo sin tener un trabajo remunerado. Sí, si hubiera intentado el viaje al revés, hubiera tenido que pagar 200 o 300 euros más. Sí, aquí 200 o 300 euros puede ser el salario de una persona que trabaje más de 8 horas al día, y podría ser menos.
Creo que desde que llegué no he parado de preguntarme para qué coño he venido aquí.
Creo que desde que llegué no he parado de preguntarme para qué coño he venido aquí.
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