lunes, 28 de marzo de 2016

Culpa

A menudo decimos que la culpa es una mierda. Que no deberíamos sentir culpa. Y diciendo esto nos ponemos una barrera que nos impide sentirnos libres de sentir culpa y nos impide hacer nada para gestionarla. El catolicismo y su culpabilidad serán una mierda, pero por lo menos le daban una solución: confesión y penitencia. En nuestros grupos y redes superguays no tenemos ningún remedio para la culpa. Sólo un: no deberías sentirte culpable, que a menudo solo consigue empeorar las cosas.

Creo que el ejemplo más gráfico que he visto de lo que es la culpa y la penitencia fue en la película La Misión. Donde uno de los personajes al principio de la peli mata a su hermano en un duelo. Y cuando se da cuenta se siente terriblemente culpable. Sí, es un machi y la razón por la que sucede además es especialmente machi, pero no cambia el tema del que escribo. ¿Cómo sigues viviendo cuando has hecho algo realmente horrible y eres consciente de ello?

Una “solución” típica es la negación y el hacerse fuerte en la idea de que todo es culpa del resto del mundo y tú solo una víctima del sistema que se encontró haciendo algo que no podía evitar. O incluso pensar que “se lo merecía” y cabrearte más y refugiarte en el cabreo perpetuo. Esto te convierte en un nido de violencia, porque para justificarte generarás más y más violencia, entrando en un bucle del que cada vez es más difícil salir.

En la peli optan por la solución de la penitencia. Consiste en cargar con un gran peso, que además es muy incómodo de mover, mientras suben una montaña. Y cuando finalmente llega, simplemente alguien lo suelta y manda su peso montaña abajo. Muy gráfico.

En otras pelis (especialmente de estados unidos), lo que se hace es una confesión pública. O si aún es posible hablar con la persona a la que le has hecho algo horrible, pedirle perdón a esa persona. Pero esto puede ser un problema, pedir perdón, según cómo, puede ser una técnica de manipulación emocional.


Ayer me pasé todo el día con un bloqueo emocional que no conseguía entender. Algo que suelo llamar “estado de shock” o saturación emocional. Es un estado en el que no sabes qué sientes ni por qué lo sientes. No puedes librarte ni aliviar lo que sientes de ninguna manera. No puedes llorar, la expresividad se complica mucho, y como no sabes qué te pasa, tampoco puedes contarlo. Sólo queda como un dolor que lo envuelve todo. Puedes aparentar que estás perfectamente, aunque realmente será básicamente apariencia. Quizá te cueste empatizar con nada ni con nadie, porque sencillamente no puedes absorber más emociones.

Sólo por la noche, cuando de hecho ya había pasado mi hora de dormir, conseguí entender qué me pasaba. Y en buena parte era un sentimiento de culpa brutal. Supe que finalmente lo había acertado porque empecé a llorar automáticamente. Con ansiedad, ahogo y sensación de descontrol. En algún momento conseguí dormir, pero hoy ha seguido. Las lloreras intermitentes que me parecen imparables. En algún momento de mi vida conseguí controlar bastante mis lloreras y en general solía darme permiso para llorar hasta que me cansaba y decidía que ya no quería más. Pero llevo una temporada en la que no puedo, las ganas de llorar me desbordan. Todo lo que siento me desborda.

El dolor no se ha ido. Es solo que ahora puedo identificarlo. Pero no puedo hacer nada realmente por cambiarlo. No tengo ningún mecanismo de reacción y gestión para esto.

Me siento como en una de esas pelis de acción en las que hay un malo muy malo que ha raptado o hecho cosas malas a una persona inocente. Y llega un punto en el que parece que ganan los buenos y han liberado a la persona inocente. Pero entonces resulta que el malo había dejado a la persona inocente programada para hacer algo horrible, y como todo el mundo se ha confiado nadie puede evitarlo. Siento ese horror, de haber hecho algo que me parecía lo peor del mundo. Tengo miedo de volver a hacerlo. Siento una tristeza brutal por todo lo que he perdido. Y me siento terriblemente culpable. E impotente. Daría lo que fuera por volver atrás, pero no puedo. Y llegados a este punto, nada de lo que haga puede remediar ni siquiera las consecuencias de lo que hice.

martes, 16 de febrero de 2016

sobre violencias y opresiones

Creo que el poliamor y la no monogamia funcionan como un gran concurso de popularidad. Nada nuevo, lo nuevo es que se platee como algo "revolucionario" mientras repite el mismo patrón. Estoy harta de ver a personas oprimidas cuidando a personas con más privilegios recibiendo menos a cambio. Estoy harta de que las personas con más privilegios que reciben estos cuidados no se den cuenta de que están reproduciendo la misma mierda de siempre y que solo están usando ideas como la anarquía relacional como excusa.

También pasa algo parecido con todo el dicurso de estructuras de opresión. Nos lo creemos tanto tanto, que lo usamos como excusa para dar la espalda a personas más oprimidas. "Sí, ya sé que estás jodida por el racismo y el machismo que recibes, pero estás siendo capacitista, así que voy a ignorarte por completo". Este es el castigo por salirse del guión, por no llegar a la perfección discursiva, ahora vamos a ignorarte. "Es que me has dicho que el monosexismo no existe". O también, "es que no estás entendiendo lo que te digo, voy a volver a explicarte por qué tú tienes un privilegio mientras recibes hostias por todas partes y no hago nada para ayudarte".

¿Qué es lo que pedimos para que otra persona pueda acceder a nuestro excelso club donde "nos apoyamos mutuamente"? (Entre muchas comillas, porque como digo más arriba, dudo mucho que realmente sea apoyo mutuo). ¿Cuántas pruebas hay que pasar? ¿Cuántos conocimientos hay que tener? ¿Cuánto hay que exponerse? ¿Cuánto hay que tragar sin protestar porque si protestas no estás "gestionando tus emociones" correctamente?

Hace algún tiempo me di cuenta de que en general, si te estás sintiendo cómode es porque estás en situación de privilegio en el contexto en el que estás. Hay una especie de regla universal según la que cuánta más opresión sufres, menos comodidad sientes.

Hablamos de crear "espacios de seguridad", espacios "libres de violencias". Pero ahora mismo dudo que esto sea posible, siempre hay violencias. La autocontención es violencia, y el decir lo que piensas puede serlo también. Queremos un espacio donde "podamos decir las barbaridades que sea sin miedo", pero a la vez donde se respete a todas las personas presentes (y ya que estamos, también a las no presentes). Y esto no es compatible. El toque de atención de "te has salido en milímetro de nuestro discurso oficial" también es violencia. También hace que estemos permanentemente en tensión y que dejemos de hablar por miedo.

Creo que deberíamos asumir que la violencia existe y que no podemos huir de ella. Aceptar la inevitable contradicción en la que vivimos. Venimos de una cultura profundamente violenta, no es algo que podamos borrar. Las personas que han sufrido episodios graves de violencia son especialmente sensibles a algunas cosas y a la vez muchas veces reproducen violencia hacia sí mismas y/o hacia otros grupos oprimidos. No tenemos el superpoder de cambiar esto.

También creo que es muy capacitista pedir lo mismo a todas las personas. Pedir, por ejemplo, que sean capaces de gestionar sus emociones de tal manera que consigan no herir a nadie (ni a otres, ni a sí mismes). O entender que el hecho de sufrir una opresión no significa que no tengan privilegios. La idea de "el discurso se gana con discurso" es profundamente capacitista. Pero es que parte del problema está en que muchas personas que hacen reflexiones muy sesudas sobre opresiones no entienden realmente de qué va el capacitismo.

Creo que aprender sobre estructuras de poder y sobre mecanismos de opresión debería servir como autoformación, no como algo a exigir a las personas con las que nos relacionamos. Que una cosa me sirva a mí no significa que le sirva al resto de gente.

Eso no significa renunciar a cambiar el mundo ni significa no tener límites de ningún tipo. Sigo creyendo firmemente en la autodefensa y en la necesidad de espacios menos violentos. Es más que no creo que pueda cambiar las cosas mientras espero que el resto de gente actúe como lo haría yo. Es asumir que los conflictos están y estarán ahí, que igual que el dolor forma parte de la vida, también los conflictos y la violencia lo hacen. Que si a una hermana de sangre le aguantaría muchas cosas, no puedo pedirle a mis hermanas de lucha que sean siempre perfectas. Que por encima de la no violencia está el tener a alguien tendiéndote una mano cuando la necesitas.

La soledad es una forma de violencia realmente cruel y demasiado invisible.

martes, 9 de febrero de 2016

resumen de pensamientos varios

[Aviso de contenido: suicidio, transfobia, abusos sexuales en la infancia, capacitismo]

Últimamente me sobra el tiempo para reflexionar y le doy vueltas a varias cosas.

Por una parte, mis pensamientos suicidas se han disparado. En ningún momento anterior de mi vida habían sido tan constantes e intensos. Dentro de mi cabeza he escrito varias notas suicidas, he pensado el cómo el dónde y el cuándo, y a ratos tengo la sensación de que me quedan pocos días de vida. Quizá no lo haga, igual que no lo he hecho hasta ahora. Pero aún así, esta sensación se va a quedar conmigo, este recuerdo. Y aprendo cosas, como que a pesar de que hace apenas una semanas (o un mes, ya) creía que estaba en uno de los mejores momentos de mi vida y me sentía apoyada, lo cierto es que estoy realmente sola.

Por otra parte, no he dejado de darle vueltas al tema del género y a la identidad de género, y a la propia imagen, y a cómo se percibe externamente. Creo que también tengo más claro que nunca que mi género es no binario y que si no lo exteriorizo es por miedo a la transfobia que sé que me encontraría si lo hiciera. Los últimos años seguía la política de identificarme como mujer como manera de mostrar que recibo la opresión machista y que esta opresión es de las que más ha marcado mi personalidad. Ahora mismo me doy cuenta de que esto no está reñido con tener un género no binario. Creo que las identidades políticas no me gustan a nivel conceptual, creo que son básicamente una manera de oprimir haciendo como que no.

Y pienso también en el tema de los abusos sexuales en la infancia. Por una artículo que leí recientemente y por un caso que está saliendo a la luz en Barcelona. Y porque cuando estoy sola es cuando más vuelvo a repasar mi vida, pensando en cómo he llegado hasta donde he llegado. No sé cómo clasificar mi experiencia, siempre tengo este miedo, como de decir que lo que he pasado es más de lo que realmente fue. Exagerar. Exagerar en cosas así está feo. Es de las cosas que más me bloquea cuando quiero hablar del tema. Envidio un montón a las personas que pueden hablar de las violaciones que han sufrido. Pero volviendo al tema, me jode no saber qué parte de mi personalidad en realidad son secuelas de esa época y del resto de violencias que sufrí durante mi infancia. Me siento una persona rota y sin solución.

También pienso en el capacitismo. En como se intersecciona con todo lo anterior. En cómo constantemente siento la presión por ser distinta a como soy. Que no basta que piense continuamente en el bienestar de la gente que me rodea, además tiene que parecerlo. La peor opresión que he sufrido es ésta. Pienso en cómo mis discapacidades surgen especialmente cuando estoy mal y en cómo cuando estoy bien llega a parecer que no existen. Mi silencio permanente ha vuelto y vuelve a darme miedo el cómo es percibido. Me da miedo que se perciba como un ataque. Me da miedo que se perciba como desinterés. Me da miedo porque lo hago sin darme cuenta. Me pierdo en mis ensoñaciones y no sé cómo salir de ahí. O peor, no quiero salir de ahí, hay momentos en los que nada de lo que sucede a mi alrededor mi interesa lo suficiente, más bien me agota. Me apetece compañía pero no demandas de que actúe de manera sociable. No puedo.

Pienso en el dolor. Siento dolor constante. No tengo miedo a sentir dolor, porque lo que temía sentir es lo que estoy sintiendo. Pienso en los efectos que tiene esto. En el odio y la rabia que me provoca, y en los efectos del odio y de la rabia. Sé que si me limito a tumbarme y esperar, el dolor no se irá nunca. Sé que la única solución pasa por salir. Igual que cuando estoy enferma de gripe sé que tengo que hacer el trabajo de cuidarme, dándome de comer, limpiando a nivel básico y el resto de cosas, ahora tengo que hacer el trabajo de mantenerme en movimiento. Aunque, igual que cuando tengo gripe, cualquier esfuerzo es agotador.

lunes, 28 de diciembre de 2015

voces cis

[Aviso de contenido: transfobia, suicidio, asesinato]

Ayer me quedé con ganas de gritar Rabia.

Hoy me sigue costando pensar y escribir. 

Ayer estuve en la concentración por Alan. Luego miré las noticias. Miré BTV (Barcelona televisió) y miré TV3 (Televisión pública catalana). Ambas incluyeron la concentración en su noticiario de la noche. Hoy veo también la noticia en eldiario.es y elplural.es. Y con cada noticia siento más rabia.

De nuevo, la voz la tienen personas cis. Personas cis con la mejor de las intenciones, pero no por eso menos cis. Se suicida una persona trans y nos lo cuentan personas cis. Viendo las distintas noticias creerías que no había personas trans en la concentración. Pero sí, estaban. La convocatoria llegó por parte de Chrysallis, pero también de los grupos trans que hay en Barcelona.

Tengo las redes llenas de gente cis con el hashtag yotambiensoyalan. Pero no son Alan, son personas cis que nunca se suicidaran por la transfobia que no sufren.

Y mientras, el manifiesto de Joves Trans de Barcelona con apenas difusión:

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(leído aquí y aquí)

Se nos olvida seguir a grupos trans formados por personas trans, como JTB, como Generem, como Cultura Trans, como ATC libertad, y como tantos otros que ni siquiera conozco. Grupos con visiones y opiniones distintas, pero que hablan desde la propia experiencia.

Siento rabia por cómo se silencia a las personas trans en este caso. Pero también por todas las muertes de personas trans que no llegan a movilizar a nadie. ¿Quien se acuerda de las mujeres trans asesinadas? En muchos casos, personas a quienes sus familias habían dado la espalda y a quienes la sociedad había abandonado en sus márgenes. Y tantas veces, personas migradas, personas que se dedican al trabajo sexual y con otras opresiones.

Me inquieta un montón esta duda: ¿nos acordamos de los suicidios y asesinatos de personas trans solo cuando nos los cuentan personas cis?

viernes, 27 de noviembre de 2015

Muerte

[TW: suicidio, violencia]

Solía imaginar mi propia muerte. Durante mucho tiempo, de manera descontextualizada. Me imaginaba solo la escena final, la violencia última que acababa con todo. El método de muerte dependía según lo que me doliera en ese momento, una veces el corazón o el pecho, otras tantas la cabeza. Imaginaba distintos tipos de armas y utensilios usados como armas. Y ahí se quedaba, a veces en repetición en bucle, una y otra vez la misma escena final, fondo blanco o negro, neutro, porque no importaba nada más.

A veces también imaginaba no haber nacido. O me preguntaba qué había antes de la vida y lo agradable que hubiera sido quedarse ahí. O quizá desaparecía.

Muchas muchas veces me imaginaba marchando. Quizá empezaba a andar sin rumbo y me alejaba. O no imaginaba el cómo marchaba sino las notas que les dejaría a la gente que dejara atrás. O las sensaciones que tendrían cuando desapareciera sin más, sin decir nada, sin aviso ni despedida ni explicación alguna. Cuando se sintieran como me he sentido yo tantas veces por la marcha inexplicable de una persona querida.

También a veces me imaginaba historias que legitimaran mi muerte o desaparición. Aunque estas eran conflictivas, porque no podía no luchar, y el final triste lo sentía demasiado intensamente y me encontraba cambiándolo. Alguna vez me raptaban, pero entonces nos raptaban conjuntamente y yo trataba de liberarnos conjuntamente. A veces entraba gente violenta donde estuviera (colegio o espacio activista), disparando, rompiendo cosas, gritando. Así podía morir en plan martir. Así no era culpa mía, eran las circunstancias y yo lo había intentado hasta el último momento. A veces solo iba por la calle y un atracador (u otro perfil de atacante) me ponía un revolver en la cabeza, y yo le decía que disparara, que me daba igual. Pero entonces se quedaba tan perplejo que no lo hacía.

Así fue durante buena parte de mi vida. Creo que incluso durante mi infancia. Y esto tiene bastante sentido, porque las cosas más duras de mi vida pasaron cuando tenía 4 y 5 años, y luego tampoco mejoraron tanto.

Con veintypocos recuerdo un momento de cambio de tendencia. Después de leer un mail muy triste, recuerdo que miré las tijeras que tenía a mi lado, y recuerdo que me di miedo porque realmente deseaba acabar con mi vida. Ya no era un deseo de muerte indefinido, no llenaba de excusas mi historia para poder morir sin sentirme culpable, era un deseo claro y realista.

Recuerdo ese momento porque si me pasara ahora no sentiría sorpresa. Paradójicamente, aunque creo que mi vida en general ha ido "a mejor", el deseo de morir solo ha crecido. No es desesperación, no es un momento en el que lo veo todo negro, es más una conclusión lógica, que me da miedo precisamente por la frialdad que la acompaña. No siempre está ahí, a veces, ocasionalmente, me siento realmente bien, me siento feliz (no eufórica, feliz), y quiero vivir, quiero tanto tanto vivir, y no entiendo por qué a veces dejo de quererlo.

Pero eso es solo a veces. La mayor parte del tiempo no. La mayor parte del tiempo vivo en la confusión, los sentimientos encontrados, el "me gustaría vivir y experimentar tantas cosas, pero es tan cansado y estoy tan harta de este dolor y esta lucha constante". De fondo, la mayor parte del tiempo están los pensamientos suicidas. Y estos son los momentos razonablemente buenos. Luego estan los malos.

Ahora en los momentos menos buenos (que tampoco son los peores) planifico cuidadosamente mi futura muerte. Me planteo cosas como cual sería el momento más adecuado, tanto en fechas como en horas concretas. Dónde debería ser. Cómo conseguir una muerte indolora y a la vez no traumatizar demasiado a quien encuentre mi cadáver. Me gustan las muertes poéticas, pero son más complicadas, con muchas más posibilidades de que algo salga mal, y también intuyo que más desagradables de sentir. Mis muertes poéticas son en el mar o en las montañas, en una bonita unión entre mi deseo de huída y mi deseo de muerte, además de otros simbolismos varios. Pero creo que me quedaría con algo más pragmático.

A menudo pienso que si alguna vez lo intento, será para conseguirlo. Nadie podrá decir eso de "lo hace solo para llamar la atención". Quizá me llamen cobarde o egoísta, pero quien lo haga solo demostrará no conocerme en absoluto.

Cuando tenía unos diez años recuerdo que iba por la calle, yendo o viniendo del colegio, reflexionando por qué la gente sigue viviendo. No por qué la gente muere, sino por qué la gente no muere. Para resolver la duda me planteé por qué yo seguía viviendo y me encontré diciéndome que si moría mi familia estaría triste y dolida y que bastante tristeza y dolor tenían ya. Así que llegué a la conclusión lógica de que si la gente no moría masivamente era por la trampa del amor y las emociones, que son realmente la única razón por la que aguantamos el dolor que implica toda vida. Tardé bastante tiempo en aprender que yo no sirvo de sistema de referencia, y que la mayoría de gente no sigue viviendo para evitar el sufrimiento de otras personas sino porque creen que quieren seguir viviendo o porque nisiquiera se lo plantean.

Si alguna vez muero por propia voluntad, no creáis que ha sido por desesperación, ni le atribuyáis el mérito a "la sociedad". Si alguna vez muero por propia voluntad será porque me habré hartado. Del dolor permanente, de que el mundo sea una mierda, de empatizar continuamente, de saber que no hay esperanza, de la frustración por cada vez que lo intento, de sentirme tan sola rodeada de tanta gente y de saber que nunca dejaré de sentirme extraterrestre. No lo llaméis desesperación, ni momento de locura. Dejar de sentir dolor pudiendo hacerlo es una conclusión lógica.

No, yo no quiero tener hijes. Cómo podría ser tan cruel.

sábado, 29 de agosto de 2015

Sobre no hablar

Durante mi infancia los comentarios y bromas sobre mi supuesta (y falsa) mudez eran una constante. Desde el clásico "¿qué te pasa? ¿se te ha comido la lengua el gato?" hasta los bienintencionados "deberías esforzarte por abrirte más". Porque "abrirte más" significa "hablar más", aunque sea de absolutamente nada, que es lo que hace la mayoría de gente. (Mentalmente lxs mando a la mierda colectivamente)

A veces pienso que eso forma parte de mi oscuro pasado, casi casi, como si hubiera sido otra persona. Pero tarde o temprano vuelven a darse situaciones de esas que creía olvidadas. Como ayer mismo, cuando entré a una tienda y un hombre se puso a hablarme así porque sí, y yo me limité a sonreírle y tratar de decirle telepáticamente "deja de hablarme, no me apetece escucharte y no me apetece contestarte". Se hartó al poco rato y pude seguir con lo mío con mi confortable silencio. Luego, pensando me di cuenta de llevaba días sin hablar en voz alta. Tanto, que me supuso un esfuerzo recordar cómo se hacía cuando al poco rato llegué a la caja y me obligué a unos mínimos de sociabilización.

Siempre me parece muy complicado explicar(me) por qué es así, por qué hay momentos en los que hablar me resulta tan difícil. Por una parte es un tema mental, mi mente está metida de lleno en otros pensamientos y se siente perfectamente en su medio, y salir de ahí para meterse en algo tan complejo como las relaciones humanas, con todas sus normas complejas y absurdas, es muy difícil y le apetece muy poco. Creo que es parecido a la sensación de dejar de estar de vacaciones y ponerse a trabajar, incluso aunque sea un trabajo que te gusta y te apetece, siempre requiere un esfuerzo mental inicial más intenso. Y luego también lo siento como algo físico. Es como si mis mandíbulas, mis cuerdas vocales y mi lengua no supieran cómo moverse.

A veces sencillamente no consigo hablar. Recuerdo la vez que lo noté más claramente, una situación con una tensión emocional enorme. Intenté obligarme a decir hola, pero no lo conseguí. Creo que incluso me obligué a abrir la boca un poco, a ver si así salían las palabras, pero no funcionó. Fue como si una parte de mi cuerpo me traicionara. Y sentí miedo, y creo que nunca he dejado de sentirlo desde entonces (ese miedo en particular, otros muchos ya los llevaba conmigo). Creo que dejar de dar por supuesto algo siempre tiene este efecto de cambio de perspectiva. La mayoría de gente asume que hablar es algo voluntario y que la única dificultad puede ser decidir qué decir (porque una vez lo decidas, podrás hacerlo sin más). Yo sé que para mí no es así, que a veces no funciona.

Esto también lleva a otra cosa curiosa, desde un punto de vista externo. Y es que puedo pasar de estar totalmente en silencio, o en modo monosílabos (cuando me sale reducir al mínimo posible la verbalización), a hablar en modo discurso, con frases muy complejas y/o en modo agresivo (a veces involuntario). La timidez es incomprendida y a menudo se la trata con paternalismo, pero se la tolera bastante e incluso puede parecer encantadora. Pero cuando no es timidez porque puedes hablar "sin ningún problema" (aparente), la incomprensión aumenta y el rechazo también.

Creo que todo esto aumenta mi miedo a la interacción social. No es solo el tener que aprender las normas sociales, y aprender qué decir cuando no hay nada que decir (solo escribirlo me mete el mal rollo en el cuerpo), es también saber que en cualquier momento puedes colapsar y que entonces todo será un mierda muy grande. No solo por lo desagradable que sea ese momento en sí, sino porque ese momento tiene la capacidad de llevarse por delante relaciones que llevas meses o años currándote. Y si hay personas "nuevas" delante, salir del armario de "bicho raro" sin poder elegir ni poder evitarlo.

Lo peor siempre siempre es eso: el rechazo social. Todo lo demás puede ser difícil de gestionar, pero lo que lo convierte en insoportable (sensación de insoportabilidad, que es mentira, porque seguimos aguantando) es el rechazo social.

jueves, 20 de agosto de 2015

Agua

El derecho al agua es uno de tantos sobre los que no suelo escribir y que son fundamentales. Estando en Nicaragua fue uno de los temas sobre los que aprendí un poco más (no mucho). Estuve en una reunión de un grupo de los que intentan autogestionarse el acceso al agua, con aportación de ONGs varias. Para acceder a estas aportaciones tienen que comprometerse a pagar el mantenimiento posterior. Una cantidad que según los estándares europeos parecería una miseria. Y sin embargo este era el punto sobre el que discutían, cómo conseguir que todas las personas de cada grupo pagaran su parte. Y los problemas que se derivan del impago: el riesgo que supone que una de las personas del grupo ponga el dinero que falta confiando en que quienes no han pagado lo acabaran haciendo. La solución que buscaban era crear personas jurídicas con capacidad de endeudarse, y el siguiente problema: quién hace los trámites y quién los paga.

Luego estuve hablando con M. sobre toda esta historia, y ella decía que en realidad sería mucho más útil invertir dinero (por parte de las ONG) en pagar todo el proceso legal para demandar al estado y exigir que garantice el acceso al agua para todas las personas, y que lo mismo sucede en tantos otros lugares.

El acceso al agua intersecciona con "todo". Es obviamente una cuestión de riqueza, clase, y también, de género. Prácticamente en todo el mundo son las mujeres las que se ocupan de conseguir agua. Es uno de esos temas que el feminismo blanco demasiado a menudo olvida. Luego, por supuesto, también intersecciona con la opresión racista y tantas otras. Al final todas las opresiones tienen consecuencias en el acceso a los recursos y a la vida misma.

En esa reunión sobre cómo conseguir constituir personas jurídicas por parte de personas cuyo único interés es tener agua se vieron reflejadas muchas de estas opresiones paralelas. Empezando por el lenguaje y las formas. Una presentación formal, medio presentación de empresa, medio clase para criaturas. Elitismo y paternalismo. También, algunos comentarios machistas, alguno de los cuales fue contestado por una de las pocas mujeres presentes. Y presunción generalizada de que quien no paga es porque no quiere. Y que a esas personas lo mejor es cortarles el agua y así ya verás que sí que pagan.

Marché hace meses y aun no sé. Es lo único que conseguí concluir: no sé.